Mapa temático de la tesis:

Opinión Pública y Publicidad Representativa (siglo XVII)

Introducción

Análisis

 

Conclusiones

Contexto

 

Redes

 

Producción

 

Cap. 1

El periodo estudiado

(1612-1618)  

Cap. 4

Fiesta

(Ciudad y corte)

Cap. 7

Literatura

(Estrategias

discursivas)

 

Cap. 2

El marco teórico

(Disciplinas y prácticas)

Cap. 5

Ceremonia

(Rito y jerarquía)

Cap. 8

Iconología

(Estrategias de la imagen)

 

Cap. 3

La historiografía

(Historia de la historia de 1615)

 

Cap. 6

Espacio

(Centro y periferia)

 

Cap. 9

Opinión / Ensayo

(Estrategias del debate)

 

Agradecimientos

Mapa temático de la tesis:

Opinión Pública y Publicidad Representativa (siglo XVII)

José María Perceval

 


Resumen (versión inglesa, francesa, catalana)

 

Introducción 

Contexto

Cap. 1 : El periodo estudiado (1612-1618)

Cap. 2 : El marco teórico (Disciplinas y prácticas)

Cap. 3 : La historiografía (Historia de la historia de las bodas reales de 1615)

Redes

Cap. 4 : Fiesta (Ciudad y corte)

Cap. 5 : Ceremonia (Rito y jerarquía)

Cap. 6 : Espacio (Centro y periferia)

Producción

Cap. 7 : Literatura (Estrategias discursivas)

Cap. 8 : Iconología (Estrategias de la imagen)

Cap. 9 : Opinión / Ensayo (Estrategias del debate)

Conclusiones

Bibliografía

 

 

El objeto de estudio de esta tesis doctoral es la Publicidad Monárquica o Representativa a comienzos del siglo XVII: soportes de producción y distribución, formas de expresión y de transmisión de mensajes, redes de comunicación y estrategias discursivas. La metodología es pluridisciplinar, y aplica diferentes herramientas teóricas para el análisis de los documentos e imágenes con el objetivo de servir a un nuevo planteamiento de la historia de la comunicación en el periodo estudiado.

Se ha escogido como campo de trabajo un suceso concreto y noticiable en cuanto único e irrepetible: el doble casamiento real que se celebró en 1615 entre las dos casas reales de España y Francia. Mediante este enlace se unieron la infanta Ana de Austria y el rey de Francia Luis XIII, y la princesa Isabel de Borbón y el príncipe español futuro rey Felipe IV.

La tesis se encuentra dividida en tres grandes bloques que analizan el contexto, las redes y la producción. 

El contexto histórico (Capítulo 1) sitúa el momento concreto del intercambio de las princesas (9 de noviembre de 1615), el periodo de negociaciones matrimoniales (1614-1618) y el marco temporal en que están situadas (1598-1621), que abarca una época de paz relativa en Europa y de radicales cambios culturales y políticos. El Capítulo 2 está dedicado al contexto teórico, multidisciplinar en función de la historia de la comunicación. El Capítulo 3 está dedicado al contexto historiográfico. 

En el segundo bloque, dedicado a las redes de comunicación, se analiza la fiesta (capítulo 4) como forma de vehicular el mensaje propagandístico, la ceremonia (capitulo 5) como escenario donde el rito se convierte en lenguaje de la publicitación del poder y los marcos espaciales (capítulo 6) en que se articulan estas redes de comunicación utilizadas por el poder para gestionar y controlar el territorio.

El bloque tercero, dedicado a la producción de objetos culturales destinados a la publicidad representativa, investiga la creación literaria (capítulo 7) en ensayo, crónica, relación de sucesos, prosa apologética, poesía cortesana o comedia; la producción iconológica (capítulo 8) desplegada para la celebración, en grabados impresos, en emblemas y en cuadros conmemorativos; y los diferentes textos de polémica (capítulo 9) que desataron un fuerte debate respecto a la utilidad de estos matrimonios reales de 1615.

En las Conclusiones se precisa la noción de publicidad representativa y las formas de representación del poder en el periodo estudiado. Se estudia el cambio conceptual de valores y principios sociales que se realiza en esta etapa, dentro de la ampliación y sustitución de las redes de transmisión de la información que provoca la imprenta. Se considera la difícil autonomía de la esfera pública formada por el nuevo grupo de fabricantes de opinión surgido del conjunto de los letrados. Finalmente, se discute la creación de los espacios de comunicación y la invención de la opinión pública y su utilidad en una nueva visión pluridisciplinar de la historia de la comunicación.

Prefacio:

Razones para escribir una tesis sobre la opinión pública y la publicidad a comienzos del siglo XVII

 


Esta tesis está dedicada a cinco personas, dos de ellas fallecidas: Michel de Certeau y Louis Marin; y a tres de ellas a las que puedo agradecer personalmente haberme influido y discutido aspectos que se ven reflejados en tantas páginas que es imposible citarlos continuamente y que son: Amparo Moreno (directora de esta tesis), Roger Chartier (director de los primeros pasos de la misma) y Bernard Vincent (director de mi primera tesis en historia).

Mis trabajos iniciales en Ciencias Sociales fueron realizados sobre la imagen de la comunidad musulmana en España durante los siglos XVI y XVII bajo la dirección del doctor Miquel Barceló[1]. Había escogido una serie de tratados que justificaban la expulsión, en 1609, de los moriscos. Estas obras se llamaban en algunos casos ‘justificación de la expulsión’, y en ellos se dibujaba una imagen de ese ‘morisco’ único – “Todos son uno en el mal”, decía el dominico Jaime Bleda -. Estos libros estaban escritos por miembros de la comunidad cristiana que deseaban la eliminación de un grupo humano con el que convivían, y lo describían minuciosamente para justificar la medida.

La historiografía posterior sobre los moriscos (hasta la actualidad del año 2003 en que se escribe este prefacio) no ha hecho más que repetir estas razones, discutir sobre ellas, sin reflexionar la trampa que significaba su construcción. Por ello dediqué un amplio capítulo a la historia de la historia de los moriscos, para diferenciar la historia real de una comunidad creada para ser expulsada, y la historia de esta comunidad como si realmente hubiera existido. La idea de que ‘el morisco’ del que hablaban los textos de la época y la historiografía posterior, no había existido nunca, fue la línea argumental de mi trabajo. Este ‘morisco’ unificado por la comunidad cristiana había sido creado con la finalidad de constituir un monigote para destruir, y este arquetipo sí que funcionaba perfectamente y era adaptable a diferentes comunidades sobre las que se aplicaban recursos violentos de explotación, asimilación o extirpación radical (hasta la eliminación física).

Las consecuencias de mi trabajo, sobre estos arquetipos de la xenofobia y el racismo, fueron

  1. La construcción de imágenes sobre la realidad es consustancial a la comunicación humana. Luego, la realidad es una construcción cultural siempre en crisis.  ‘El otro’, en este caso ‘el morisco’ estudiado en mi trabajo, se convertía en los límites de esta identidad. 

  2. Las diferentes visiones de la realidad sirven a los intereses de grupos sociales que las defienden imponiéndolas sobre otras visiones que se silencian o acallan con recursos de autoridad (diferentes formas de violencia que van desde la prohibición a la sanción académica).

  3. Existe un grupo de personas que se dedican a articular estos contenidos en textos e imágenes para su publicidad. Son los creadores de opinión que trabajan en la construcción de las imágenes que forman la identidad de una sociedad.

La función del investigador es descubrir, evidenciar, diseccionar estas construcciones tramposas de la realidad para poder cambiar esa realidad.

En este primer trabajo, me encontré con que, apologistas de la expulsión de los moriscos, se dedicaban a trabajar como publicistas de los nuevos casamientos reales que se iban a celebrar seis años después, como era el caso de Marcos de Guadalaxara o de Pedro Aznar Cardona.

1612. AZNAR CARDONA, Pedro, Propositions des Espagnols en conséquence des mariages de France et d'Espagne. Extraits d'un livre Intitulé Expulsion Iustificada de los moriscos espagnols, etc... Imprimé à Huesca en 1612 par Pierre Cabart. Avec un advertissement sur Icelles en François, jouxte la copie imprimée à Soissons par J.Jann (B.N.P. 8º Lb36 777)

Al comenzar mis estudios en la Facultad de Ciencias de la Comunicación, especialidad de Periodismo, continué esta línea de investigación sobre la construcción de la realidad y los publicistas del poder. Esta vez quería realizar el trabajo desde una perspectiva comparatista más enriquecedora. Para ello, pensé analizar la imagen de los franceses y los españoles, contrastando los textos que ambos países produjeron en el enfrentamiento bélico que mantuvieron durante todo el siglo XVII. 

Para estudiar comparativamente las imágenes contrastadas del ‘español’ y del ‘francés’ el libro emblemático resultaba ser el escrito por el enigmático doctor García, titulado La antipatía de los españoles y los franceses (1618). Editado en versión bilingüe, se había convertido en un best seller del siglo XVII con más de cuarenta ediciones en todos los idiomas europeos. El libro del doctor García había sido utilizado en el marco del conflicto bélico hispano-francés como una demostración de la imposibilidad de acuerdo entre ambas monarquías. Sin embargo, el trabajo había sido realizado, aparentemente, con otro fin. El doctor García era un escritor a sueldo cuyos patronos le habían encargado un tratado sobre los beneficios que traería la alianza franco española sellada con los matrimonios reales de 1615.

Este tratado formaba parte de un amplio conjunto de obras apologéticas dedicadas a estas bodas, que se habían realizado en los más diversos géneros: tratados y panfletos justificativos, opúsculos ocasionales y pliegos de cordel, poesías y libretos de ballets, argumentos de comedias y ensayos apologéticos, libros de ceremonias y textos describiéndolas, grabados y pinturas para la ocasión... Todo un enorme despliegue publicitario que se encontraba disperso en múltiples bibliotecas y poco estudiado.

Decidí que éste podía ser el objeto de estudio de mi tesis doctoral. Había elegido un tema puntual, unas bodas reales franco españolas con una fecha concreta, entre la aprobación de las capitulaciones matrimoniales en 1612 y la boda e intercambio de las princesas en la frontera en 1615. Los textos y fuentes elegidas de la época debían tener en común el tratar este tema – a favor o en contra, de forma apologética o periodística – sin importar el género en el que habían sido escritos. La recolecta me llevó a la suma de unos trescientos textos que se encuentran en la bibliografía ordenados cronológicamente y que, afortunadamente, en su mayoría – a pesar de sus larguísimos títulos – eran opúsculos de pocas páginas, ocasionales realizados con la exclusiva intención de publicitar el acontecimiento.

Situé cronológicamente los acontecimientos, extendiendo el estudio desde 1598 – año en que se firma la paz de Vervins entre España y Francia en la que se plantea, como en toda alianza del antiguo régimen, la necesidad de confirmar este tratado con una unión familiar – hasta 1621 en que los matrimonios reales entran en el periodo de neutralización y oposición que llevaría  a la ruptura franco española y la guerra directa en 1635. Es decir, me situaba en el reinado del mal estudiado monarca español Felipe III y, en el espacio francés, en el periodo final del rey Enrique IV (asesinado en 1610) y el comienzo del reinado de Luis XIII, igualmente maltratados por la historiografía tradicional (sobre todo, la regencia de su madre María de Médicis, impulsora fundamental y denostada de los matrimonios reales, llamados despectivamente por la historiografía francesa ‘les mariages espagnols’).

La elección de un periodo que ciertos investigadores han llegado a calificar de periodo sin historia (por no tener una historia adecuada a la construcción del ser nacional en ambos países) fue absolutamente consciente.

El primer trabajo que realicé fue la colección de textos e imágenes, indiscriminadamente: reunía todo el material que se había producido con la intencionalidad de magnificar estas bodas reales o que lo trataba de alguna manera. Eran obras de publicidad monárquica, alejadas en general de los cánones estéticos actuales, por lo que, - excepto en el caso de Lope de Vega o Malherbe – estaban rechazadas como obras de circunstancia por la crítica literaria, y despreciadas por el historiador debido a su carácter cortesano. A su lado, se encontraban opúsculos y panfletos que atacaban las bodas reales y, paradójicamente, estos textos si habían sido considerados relevantes por los historiadores ya que se expresaban en un lenguaje político más cercano.

Me di cuenta de que no podían separarse ambos corpus, ya que todas las obras giraban en torno al mismo acontecimiento: el doble enlace franco-español de 1615 que había significado un cambio general en el continente europeo. Por lo tanto, todos los textos e imágenes trataban de una noticia concreta (un acontecimiento que tenía una fecha y un lugar concreto, unos protagonistas y unos testigos presenciales). Los textos que atacaban la oportunidad de estas bodas criticaban o ridiculizaban los argumentos de la publicidad favorable; y, a la inversa, la apologética de estos últimos no sólo estaba destinada a ensalzar unos matrimonios reales, sino a justificarlos frente a los ataques. Ambos deseaban convencer a una opinión a la que dirigían sus argumentos.

Además, los autores de todo este amplio conjunto de obras no sólo describían unas bodas reales sino que, al comparar las dos monarquías, hablaban de espacio, de poder, de ansias imperiales, de diferentes visiones de la reforma católica o contrarreforma, de una imagen de la mujer y de su papel en la familia, incluso de una estética diferente que enfrentaba barroco y clasicismo. Estos trabajos me llevaron al descubrimiento de una serie de profesionales que vivían de la construcción de obras para la publicidad monárquica (publicidad del monarca, de la monarquía y de los actos del monarca), que tenían conciencia de un espacio de opinión pública al que se dirigían (y lo nombraban), que realizaban sus trabajos con una estrategia narrativa determinada por esta publicidad y que recibían una subvención por ello. Vivían del patronazgo y dedicaban sus obras a patronos pertenecientes a las elites cortesanas.

Estos fabricantes de opinión, pertenecientes al grupo de los letrados con estudios más o menos universitarios,  trabajaban en los más variados campos artísticos de la ficción o el ensayo sin dedicarse a un género concreto (excepto los arbitristas españoles y los juristas franceses que eran en su mayoría oficiales reales dedicándose sólo al ensayo teórico-social).

Decidí centrar mi trabajo sobre la construcción de unos espacios concretos, lo que se denomina actualmente la esfera pública, para la que estos autores creaban unas obras concretas con la intención clara de hacer pública (publicitar) una acción del poder monárquico (o atacarla) e influir (publicitar), en un público indeterminado, para conformarlo en una opinión concreta o hacerle cambiar de opinión.

Quise huir de los espacios ideales de comunicación construidos por la semiótica a-histórica y la filosofía idealista de la comunicación que convierte los mecanismos de dominación en automatismos estructurales. Contra los primeros, encontraba que la opinión pública es un invento cultural de un momento concreto que debe ser analizado, y no una realidad intemporal que se somete al análisis científico. Contra los segundos, me encontraba con la interrelación de estrategias personales y relaciones estructurales, de movimientos provocados por la revolución tecnológica de la imprenta y la adaptación del estado moderno centralizado (gracias a la revolución de las comunicaciones), dependiente de un mecanismo que articulaba estas comunicaciones y que se estructuraba como espacio de opinión pública.

Pero, ¿era autónomo este nuevo espacio? Era fácil, demasiado fácil como conclusión de un estudio sobre la publicidad, decir que el corpus de textos con el que me encontraba era propiedad de quien lo había financiado. Había que ir más allá de ese evidencialismo automático en que caen los estudios sobre la propaganda política en la edad moderna.

Las herramientas teóricas necesarias para el estudio de este corpus debía recogerlas en primer lugar de la bibliografía que trataba la construcción de la opinión y la articulación de la publicidad. La tesis clásica de Jürgen Habermas sobre la publicidad política me proporcionó el armazón teórico necesario para dibujar, más allá del hecho concreto que narraban los publicistas, un modelo de construcción de la opinión. Pero, al no considerar Habermas esta opinión pública constituida sino a partir del siglo XVIII, se realizaba un corte radical con la modernidad y la producción impresa o manuscrita anterior. Consideré injusta su condena a los infiernos de lo que llamaba ‘la publicidad representativa’.

La contradicción fundamental que encontraba en Habermas era que sólo era considerado publicidad lo que se presentaba como tal y no cualquier producto que buscara público para transmitir un determinado mensaje publicitario. La realidad, sin embargo, se imponía.

No era necesario hacer ninguna estadística para descubrir que había un número geométricamente superior de espectadores que recibían una determinada idea de la monarquía a través de los monarcas que aparecen en las obras de Lope de Vega, antes que los reducidos lectores de la controvertida obra contemporánea del padre Mariana sobre la monarquía (lo cual no quiere decir que las ideas de esta obra no estén incluidas en las comedias de Lope, ya que éste pertenece al grupo de letrados que han leído la obra del teórico jesuita). Detrás de la exclusión de las obras cortesanas, se encontraba la consideración despreciativa de obras que trataban asuntos del espacio privado u obras femeninas de circunstancias, literatura menor – y para menores, no adultos -, en definitiva.

El modelo de Habermas mismo sobre la esfera pública basado en la visión crítica androcéntrica de la política de Aristóteles quedaba en cuestión con su amputación de un espacio privado. La tesis de la profesora Amparo Moreno ya señalaba esta deformación que aislaba lo público como esfera autónoma, y la articulación entre patrimonio y patria.  Se trataba de analizar la construcción de un mito original de la democracia, el mito ilustrado, para inmediatamente situarlo contra la postmodernidad como concepto absolutamente retrógrado. En realidad, reconstruyendo un espacio que no había existido jamás (para lo que se tenía que deformar la noción de oikos de Aristóteles) que correspondía al espacio de la decisión.

Para poder trabajar, por tanto, necesitaba romper las fronteras creadas por la ilustración en el siglo XVIII  que había conformado el nuevo espacio público burgués, relegando o mitificando lo privado como espacio invisible, femenino (pero también ‘blando’) y, por tanto, anecdótico. 

Realicé una ampliación del concepto de Publicidad que deseaba analizar en dos sentidos: 

Por una lado, temporalmente, ampliando el campo de acción al siglo XVII momento en que se cambia radicalmente en Europa la noción de monarquía (por tanto, la concepción general del estado), que sería incomprensible sin la alianza entre la imprenta como nuevo soporte de comunicación y los letrados como creadores de productos para este soporte.

Y por otro lado, espacialmente, en la selección de materiales de campo, al incluir todo aquello que hablara de la monarquía sin importarme el género utilizado por el autor para vehicular el mensaje publicitario.

Por ello, mi trabajo de magíster en comunicación lo realicé sobre un personaje de finales del siglo XVII, dedicado profesionalmente a fabricar publicidad representativa (Charles Perrault), consciente de su pertenencia al grupo de letrados publicistas, que aplicaba una ciencia de la publicidad elemental pero muy coherente, al servicio de la gloria del soberano Luis XIV. Charles Perrault había trabajado todos los géneros – desde el ensayo histórico biográfico sobre los hombres importantes del siglo de Luis XIV que contraponía a los protagonistas de la época de Cesar a la poesía apologética de las victorias de su monarca pasando por la ficción o el cuento al final de su vida –. Al mismo tiempo que realizaba este servicio para la publicidad monárquica, trabajaba para los intereses del grupo concreto de académicos al que pertenecía en la construcción de su identidad como intelectuales y en la afirmación de su poder como críticos. Me encontré así con un creador y conformador de la esfera pública, de sus leyes internas de funcionamiento y de sus obligaciones y limitaciones en relación con el poder.

Consideré reductora la atribución de la publicidad monárquica exclusivamente a los productos impresos, comprobando que la monarquía tenía una larga experiencia de búsqueda del asentimiento para sus acciones a través de la ceremonia y de la fiesta ciudadana. También encontré que los fabricantes de opinión trabajaban en este campo para los mismos patronos. En este sentido el libro de Michèle Fogel sobre las ceremonias de la información fue clave para encontrar herramientas de trabajo y una metodología de estudio sobre la publicidad monárquica. Lo completé con el trabajo de Hélène Merlín sobre la creación de la noción de público y los estudios de Roger Chartier sobre la aparición de la noción de autor. 

La historiografía sobre la época me deparó una serie de aportaciones e interrogantes. El primer punto fue la sorpresa al contrastar los estudios de los ceremonialistas ingleses con la realidad de los textos de la época que, al tratar de las ceremonias de la monarquía, hablaban de matrimonios, bautizos y entierros, de una rica vida familiar. Los ceremonialistas habían realizado una lectura sesgada primando las ceremonias de estado actuales (la supuesta vida pública del monarca) y amputando espacios de la realidad para construir una teoría coherente.

La historia de las mentalidades, que tanto me había ilusionado en los años setenta, caminaba hacia una cultural history o una visión esteticista de la política, ya criticada por Michel de Certeau en su recensión del libro de Christian Jouhaud sobre los panfletos de la década de 1640, llamados ‘mazarinadas’. Las aportaciones de Jouhaud, en sus estudios sobre las estrategias de los libros impresos, fueron fundamentales en mi trabajo.  

Pretendía destacar el ombliguismo de las historias española y francesa al tratar la época. La tesis, con un acontecimiento que afectaba a dos historiografías nacionales, me permitía superar con comodidad la historia académica tradicional que se había anclado en el historicismo nacionalista. Gracias a ello, podía contemplar desde otra perspectiva, las trampas de una historiografía española preocupada hasta la angustia con la supuesta decadencia imperial y una historiografía francesa obsesionada con la construcción de la identidad nacional. La única forma de salvar estos escollos, era estudiar de forma comparatista los hechos de 1615 enfrentando ambas historiografías para neutralizarlas, sin olvidar sus aportes y estudios.

Estaba acompañado en esta labor por un grupo de investigadores que habían realizado esta comparación creativa desde finales del siglo XIX: los hispanistas franceses que habían practicado una lectura contrastada de la realidad histórica del periodo, desde Morel Fatio o Marcel Bataillon, a Bartolomé Bennasar o Bernard Vincent, con jóvenes promesas como Jean Frédéric Schaub.  

Por último, en un estudio que se pretendía pluridisciplinar, deseaba realizar el experimento de unir bibliografías de disciplinas que se ignoraban descaradamente para defender supuestos espacios de poder mediante la invención de terminologías excluyentes. En cada campo me encontraba con una bibliografía particular y con autores que habían tratado la relación de los materiales diversos que estudiaba (ceremonias, fiestas, objetos artísticos o textos) y el poder: Norbert Elias o José Martínez Millán en el campo de la corte; Roland Mousnier o Miguel Artola al tratar de la monarquía; John Elliott, Ricardo García Cárcel o Antonio Ferós al tratar el periodo de Felipe III; los antropólogos James Frazer, Edward Muir o Carmelo Lisón Tolosana en el campo del ritual; Roger Chartier, Henri-Jean Martín o Fernando Bouza en el campo de la impresión y el manuscrito; Marc Fumaroli o Máxime Chévalier al estudiar la elocuencia; Pere Oriol Costa, María Teresa Pérez Picazo o Ingrid Schulze al pensar en la propaganda política; Fernández de la Flor en el campo de la emblemática; Erwin Panofsky, Ernst Gombrich o Rudolf Arnheim  en el campo de la iconología; Hans Robert Jauss o Teresa Velázquez en el aspecto de la recepción; Roy Strong o Rudolf Arnhein en el campo del arte; Louis Marin o Ricard Salvat al pensar en la representación; Henry Ettinghausen al tratar el público, .... Ponerlos de acuerdo fue más complicado que leerlos.

La primera hipótesis que me planteé era que los espacios de comunicación pública, los elementos que conformaban la esfera pública, eran anteriores al siglo XVIII, podían situarse en un periodo donde se hablaba de público y de opinión como eran los comienzos del siglo XVII. Y, en segundo lugar, que estos espacios no concebían una clara separación de lo público y lo privado, con lo que ponía en cuestión la propia definición de esfera pública y su utilidad a la hora de monopolizar el campo de estudio sobre opinión pública, como forma que tiene el poder de vehicular mensajes publicitarios. 

Mi intención como historiador de la comunicación – con un trabajo sobre la publicidad monárquica - era mostrar que era posible un estudio interdisciplinar para entender la historia de la comunicación de comienzos del siglo XVII. La primera consecuencia que saqué, y la clave de todo mi trabajo, fue que era imposible comprender el periodo histórico sin un estudio interdisciplinar. 

 

 

La tesis se encuentra publicada en "tesis doctorals en xarxa", red de las universidades públicas catalanas. 

El Servidor de Tesis Doctorals en Xarxa (TDX) conté, en format digital, tesis doctorals llegides a les universitats de Catalunya i d'altres comunitats autònomes. Permet la consulta remota a través de la xarxa Internet del text complet de les tesis, així com fer cerques per autor, títol, matèria de la tesi, universitat on s'ha llegit, etc. Els objectius d'aquest servei, coordinat pel Consorci de Biblioteques Universitàries de Catalunya (CBUC) i el Centre de Supercomputació de Catalunya (CESCA), i patrocinat pel Departament d'Universitats, Recerca i Societat de la Informació de la Generalitat de Catalunya, són:

Ficha de la tesis Opinión pública y publicidad (siglo XVII). Nacimiento de los espacios de comunicación pública en torno a las bodas reales de 1615 entre Borbones y Habsburgo

Tomo I: Introducción, fuentes, metodología y contexto histórico, edición en PDF jmpv2de4.pdf 

Tomo II: Redes de comunicación (Fiesta, Ceremonia, Espacio), edición en PDF jmpv3de4.pdf 

Tomo III: Producción ideológica (Literatura, Iconología, Ensayo), edición en PDF jmpv4de4.pdf

Tomo IV: Conclusiones, fuentes y Bibliografía, edición en PDF jmpv1de4.pdf 


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[1] El profesor Barceló había realizado un sensacional y pequeño trabajo sobre ‘els nins moriscos’ que desgraciadamente no ha tenido continuidad.

 

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