Olallo Morales 

Mi agradecimiento al profesor Gabriel Núñez por la publicación de este artículo

 

 

"La función de esta burguesía dependiente será adaptar los cultivos de autoabastecimiento cambiándolos en cultivos para la exportación y regentar los emporios de riquezas naturales, cuya propiedad sin embargo, por medio de las concesiones estatales, se encontrará fundamentalmente en manos de firmas francesas, inglesas, alemanas... (luego, norteamericanas)" 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué nos interesa de esta tragedia personal? ¿Aporta algo al conocimiento de la Historia de Almería, a la andaluza, a la española – y la general de la Comunicación mundial  - en el periodo situado entre mediados y finales del siglo XIX?  

 

 

 

 

 

 

 

0lallo Morales es un personaje típico, pero extraño a su estrato social por pertenecer a la avanzadilla vanguardista que en torno de Nicolás Salmerón lucha y pierde la batalla liberal en España. 

 

 

 

Zelma Wilksman, de vacaciones en un lago de Suecia, en la época en que escribió sus memorias.

 

 

 

 

Ninguna de estas aportaciones, la de la viuda o la del amigo íntimo, tienen porque ser una versión objetiva ya que “en la ideología se representa no el conjunto de las relaciones reales que rigen la existencia de los individuos, sino la relación imaginaria de esos individuos con las relaciones reales en que viven”. 

 

 

 

La división del trabajo en tres apartados (anos 1869, 1879, 1889) tiene, aparte de un sentido novelesco de hilazón argumental, situar al personaje entre tres fechas claves en su vida, al mismo tiempo que conexionadas con la actitud que la burguesía adopta como clase ante los acontecimientos de finales de siglo. 

José María Perceval

Olallo Morales, análisis de una sociedad enferma"  

Boletín del Instituto de Estudios Almerienses, 4, Almería, 1984, p.159-182.  

ACLARACIÓN PREVIA

Los estudios históricos sobre la formación social andaluza, durante el siglo XIX, apuntan a enmarcarla como una economía dependiente. Es decir, incluida (sobre todo, después de 1830) dentro de los circuitos comerciales creados por las sociedades autocentradas, donde la Revolución Industrial ya se había realizado, y a las que abastecía de materias primas, siendo receptora de productos manufacturados.

La consecuencia técnica de este sistema de economías dependientes (descentradas) y metrópolis industriales (autocentradas) se reflejaría en el enorme desarrollo de los transportes, sobre todo marítimos, asentando caladeros en los puntos costeros más estratégicos (luego puertos importantes) y redes de ferrocarril que crean una extraña geografía de países orientados (y gestionados) hacia el exterior.

Sus consecuencias políticas darían comienzo a la etapa del colonialismo (directo o indirecto), repartiéndose el mundo las potencias industriales, invadiendo los territorios asignados con la destrucción de los gobiernos locales (intervención directa) o forzando gobiernos favorables a las concesiones en aquellos países donde una mínima estructura estatal impedía la penetración del ejército (intervención indirecta).

Sus consecuencias sociales representaron la conformación de una capa burguesa o paleo burguesa en estos segundos países (creada con la oligarquía local en muchos casos descendiente de la antigua aristocracia, nuevas capas comerciales y los funcionarios de las compañías navieras y comerciales extranjeras a veces directamente trasladados de la metrópoli). La función de todo este grupo heterogéneo será adaptar los cultivos de autoabastecimiento, cambiándolos en cultivos para la exportación, y regentar los emporios de riquezas naturales, cuya propiedad sin embargo, por medio de las concesiones estatales, se encontrará fundamentalmente en manos de firmas francesas, inglesas, alemanas... (luego, norteamericanas).

Dentro de este esquema,  nuestro personaje Olallo Morales Lupión se define como un representante típico de esta burguesía comercial y financiera, dentro de una economía dependiente como es la andaluza, y cuyos esfuerzos renovadores, desde la rebelión ideológica al marco de la España conservadora hasta los intentos de innovación técnica, se encontrarían abocados al fracaso. ¿Qué nos interesa de esta tragedia personal? ¿Aporta algo al conocimiento de la Historia de Almería, a la andaluza, a la española – y la general de la comunicación mundial  - en el periodo situado entre mediados y finales del siglo XIX?

Carlo Ginzburg nos dice que “en algunos estudios biográficos se ha demostrado que en un individuo mediocre (en el buen sentido de la palabra), carente en sí de relieve diferenciado (ni un líder ni un revolucionario) y, por ello, representativo, pueden escrutarse, como en un microcosmos las características de todo un estrato social en un determinado periodo histórico” (Ginzburg, EI queso y los gusanos, 1981, p. 22). Nos encontraríamos desde esta perspectiva, cercana a la historia de ]as mentalidades, con un hombre crisol donde se subsumen las contradicciones, los anhelos y la lucha de su fracción de clase por imponer su «modo de vida. Pero, ¿no está clara la línea general del periodo que se estudia como un macrocosmos? ¿No nos perderemos en lo particular, lo individual, lo novelesco? Estamos de acuerdo con Pierre Vilar, cuando recomienda huir de la teoría a los casos (VILAR, Economía, Derecho, Historia, 1983, p. 225). Estudiando lo particular pueden surgir no sólo contradicciones con ideas generales y académicamente admitidas, sino sugerencias para posteriores estudios. En esta época de furor informático y matemático (en plena obsesión de serializar cualquier momento histórico como única forma de hacerlo comprensible), E.P. Thompson señala que sólo con una serie de profundas indagaciones particulares podremos elaborar un programa articulado para someterlo a la computadora. Y aun más, se puede afirmar que “el tema y la posibilidad de una historia global comienza a borrarse y se esboza por el contrario los lineamientos, muy distintos, de lo que se podría llamar una historia general” (FOUCAULT, La Arqueología del Saber, 1970 p. 15). No se trata de caer en la atomización sino de realizar catas sugerentes en estudios particulares.

Otra aclaración. 0lallo Morales es un personaje típico, pero extraño a su estrato social por pertenecer a la avanzadilla vanguardista que en torno de Nicolás Salmerón lucha y pierde la batalla liberal en España. La autonomía relativa de la ideología con respecto a otros niveles de la formación social, crea estas contradicciones entre miembros de la misma clase, en este caso con su propio padre, sus amigos, su ciudad... El trabajo que presento esta basado en la interpretación de estos acontecimientos más cercana a la de 0lallo, la de su propia esposa Zelma Wilskman, en las memorias elaboradas cuarenta años después de la muerte de 0lallo  y en declaraciones de su amigo Antonio Rubio en el Libro Del Mar al cielo. Me ha sido facilitada una traducción de las memorias de Zelma Wilskman, originalmente escritas en sueco, por su nieta Mónica Morales de Schild, que también me entregó la necrológica publicada en el diario “La Crónica Meridional”, 27 de Agosto de 1889, escrita por Antonio Rubio, y un articulo en el mismo periódico firmado por Olallo Morales Lupión y titulado “Climatología de Sierra Nevada” (26 de Septiembre de 1888). Han sido importantes sus aportaciones personales al texto de mi trabajo ya que corrigió Mónica Morales su primera versión. Destaco las acotaciones al texto que me sugirió María del Mar Cruz Muñoz, aportando datos conservados en la memoria de su familia respecto al personaje (tío abuelo suyo). Por su parte, el texto de Antonio Rubio, Del Mar al cielo, es la crónica de un viaje a Sierra Nevada con un apéndice que comprende la reseña científica completa de esta región y la memoria presentada a la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, por el Excmo. Sr. General Don Carlos Ibáñez, respecto a las operaciones practicadas en Mula-Hacen para el enlace geodésico y astronómico de Europa y África, publicado en Almería, Imprenta de la Viuda Cordero, 1881, 426 paginas.

Ninguna de estas aportaciones, la de la viuda o la del amigo íntimo, tienen porque ser una versión objetiva ya que “en la ideología se representa no el conjunto de las relaciones reales que rigen la existencia de los individuos, sino la relación imaginaria de esos individuos con las relaciones reales en que viven”. Los datos de ambientación pueden encontrarse en los diversos manuales de Historia de Almería durante el siglo XIX y he añadido algunos recuerdos conservados por la familia de 01allo Morales, a través de generaciones. Creo que este trabajo puede servir para eliminar la confusión entre los tres 0lallos, abuelo, hijo y nieto, habitual en las historias de Almería de nuestros cronicastros locales, que hacen viajar a Suecia al viejo 0lallo, o convierten en Alcalde de Almería a 0lallo Morales Lupi6n a la tierna edad de catorce años. Añado una genealogía de la familia Morales que se hizo en tiempos de sus hijos manuscrita, copiada de diversos documentos del archivo municipal de Roquetas de Mar y continuada hasta el presente por mí, gracias a los datos aportados por su descendiente el señor Herbert Hylander Morales.

La división del trabajo en tres apartados (anos 1869, 1879, 1889) tiene, aparte de un sentido novelesco de hilazón argumental, situar al personaje entre tres fechas claves en su vida, al mismo tiempo que conexionadas con la actitud que la burguesía adopta como clase ante los acontecimientos de finales de siglo. En 1869 0lallo Morales Lupión vuelve a Almería de sus estudios en el colegio regentado por Nicolás Salmerón, después presidente a la 1 ° Republica Española. El año anterior, 1868, ha ocurrido la ultima revolución liberal encabezada por la burguesía española con la efímera consecuencia del sufragio universal y el intento de desmantelar las estructuras arcaicas del Antiguo Régimen mantenidas durante el reinado de Isabel II.

En 1879, 0lallo regresa arruinado después de su experiencia europea. Antes, en 1875 se ha cerrado en España definitivamente la experiencia progresista mediante el pacto (Constitución de los notables) que cierra las veleidades reformistas de la burguesía española ya aguijoneada por la sombra de la Primera Internacional. La burguesía se alía con la aristocracia y vuelve al redil eclesiástico, al que se entregan la importante área de la educación. 0lallo Morales queda descolgado de esta nueva posición de su clase y sufrirá las consecuencias.

En el año 1889 0lallo Morales sufre su ultimo ataque de tisis mientras trabaja sobre los planos del ferrocarril Linares-Almería que supera el tradicional aislamiento por tierra de la provincia. 0lallo todavía cree en el progreso científico como liberación (frente al progreso social definitivamente abandonado como meta). Sin embargo, su fracaso, su ruina, es significativa del definitivo desenganche de Almería de la revolución industrial que provocará la masiva emigración de su población y su posicionamiento como provincia subdesarrollada con graves contradicciones sociales hasta el estallido de la guerra civil.

Después del trágico final de nuestro protagonista, la familia de 0lallo Morales Lupión se integra perfectamente en la sociedad sueca, en la que se exilia después de su muerte, y a la que aporta tres generaciones diversos profesionales liberales, médicos, músicos o diplomáticos, destacando 0lallo Morales Wilskman (el neto músico) del que hace años el Ateneo de Almería pensó editar un long play con su música más representativa. Olallo Morales Wilskman, incluido en la Enciclopedia Sueca, fue director de la Orquesta Sinfónica de Göteborg, profesor del Conservatorio de Estocolmo, y secretario de la Real Academia Sueca de Música. Sus obras más conocidas son: Sinfonía en Sol Menor; concierto de violin en Re Menor; Tríptico; música para Bodas de Sangre de García Lorca; música para teatro de Strindberg, Nostalgia Opus 15, y las Bodas de Camacho. Fundó la Sociedad Española de Estocolmo y contribuyó a la concesión del Nóbel a Benavente informando a la academia Sueca.

 

 

 

De izquierda a derecha: Francisco, Elena, Zelma y Olallo en Milán.

 

 

 

 

Los nuevos habitantes, encierran a los viejos ciudadanos, con sus maneras desenvueltas, sus modales importados, su lujo de nuevos ricos.  

 

 

 

 

 

El abuelo, Olallo Morales el Viejo es propietario de minas de plomo en Berja y al mismo tiempo Presidente-tesorero de una sociedad por acciones en el Presidio de Andarax.

 

 

 

 

 

 

Olallo el Viejo es cauto, astuto, calculador. De maneras serviciales, sabe pactar y comerciar, ceder y avanzar, siempre pensando en un beneficio a largo plazo. 

 

 

 

 

 

 

 

 

La revolución de Septiembre del 68 ha puesto todo patas arriba; el trono borbónico ha sido tirado por tierra, los radicalismos se han desatado y, mientras se suceden los alcaldes y gobernadores, en Madrid se discute qué mejor rey le conviene a España.

 

 

 

 

 

 

Se siente liberado, separado del resto de la humanidad, marcado por su enfermedad que le da un aura heroica. Desea aprender, conocer, vencer al mismo tiempo la tuberculosis particular y la ignorancia de sus contemporáneos. 

 

 

 

 

 

 

Olallo llena la casa del Malecón de libros, de instrumentos astronómicos, y coloca un cocodrilo que se ha traído de Argelia, en la alberca del patio.  

 

Nombrado por la Republica Española, secretario de la legación en Roma, OlaIlo se dedica a seguir cursos en el Observatorio bajo la guía del astrónomo padre Secchi. Con su flamante titulo diplomático, su orgullo a toda prueba y arrastrando el riesgo de un posible rechazo, se presenta en Suecia, donde Zelma finalmente se rinde. Se casaran el 30 de Diciembre de 1873 en la mansión de Johannesberg, propiedad de su abuelo.  

1869

Un hombre joven pasea pensativamente por el malecón, junto a la orilla. Tose un poco, levemente, y se lleva la mano hacia el pecho en actitud de defensa contra un mal que le corroe interiormente. Va vestido impecablemente, aunque en cierto aspecto astrado del traje, se revela una noche larga y plena de acontecimientos. Chaqueta, pantalón, hechos a la medida en Liverpool y traídos con un cierto retraso a finales del verano pasado en un paquebote de la compañía naviera de sus primos. Va tocado por un sombrero, corto y redondo, a la moda, aunque no le gusta llevarlo; juguetea entre las manos con un bastón demasiado fino como para servir de apoyo.

Mira hacia atrás, a la ciudad todavía silenciosa en el amanecer, aunque ya surgen los primeros ruidos anunciando la actividad portuaria. La campana de la Vela dio hace un momento, las últimas órdenes del riego nocturno de la vega; los pescadores cuentan su botín y discuten de precios con comerciantes madrugadores, un carro arrastra su mercancía hacia el mercado. La ciudad aparece descompuesta, altiva, en obras, con las nuevas construcciones que han surgido tras la destrucción de la muralla y a costa suya. Los edificios con balcones orgullosos, orientados hacia el mar, separados por anchas avenidas, que aíslan en callejuelas encontradas a la vieja urbe. También los nuevos habitantes, encierran a los viejos ciudadanos, con sus maneras desenvueltas, sus modales importados, su lujo de nuevos ricos.

Estamos en 1869 y acaba de morir esta misma noche el padre de 0lallo, que ni siquiera ha podido ver terminada del todo su nueva casa, un verdadero palacio, junto al mar en las antiguas atarazanas. Construcción realizada a costa de esas murallas que defendieron durante siglos a esta ciudad. Fue necesario derruir el torreón del Silencio para lograr el solar donde se alzará la más orgullosa mansión del puerto, cumbre de la obra de este gran hombre de negocios, de esta familia que durante tres generaciones irá acumulado una gran fortuna, un enorme poderío y todo el prestigio posible, para otorgárselo a él, primogénito de los Morales.

Proceden de Félix, pero han labrado su destino a lomos de la Sierra de Gador. El abuelo, Olallo Morales el Viejo es propietario de minas de plomo en Berja y al mismo tiempo Presidente-tesorero de una sociedad por acciones en el Presidio de Andarax. Ha sabido administrar su fortuna y acrecentarla con la de su mujer, Teresa Lupión Padilla. Ha comprendido, en la década del 50, el final del Eldorado virgitano, trasladándose a Almería y acercándose al centro comercial y político de la provincia. Siendo un acaudalado financiero, no es extraño que se convierta en un prócer municipal, llegando a teniente de alcalde en 1865 y, al año siguiente, al renunciar Francisco Jover, accediendo a la alcaldía.

Quizá sea el temor al secuestro, debido al anónimo que en 1861 recibe de una titulada sociedad liberal‑democrática, exigiéndole un préstamo de doce mil reales, lo que le aconseja alejar a su hijo 0lallo de Almería. Quizá sea el miedo a que contraiga la enfermedad que se Ilevara a la tumba en 1862 a su hijo mayor Eduardo.

Lo cierto, es que el joven a la edad de diez años, sale en diligencia para Granada y de allí a Madrid, para entrar en la escuela que el paisano Nicolás Salmerón regenta. Ya no volverá siendo el mismo. Ahora, después de unos años de separación, se han enfrentado cara a cara. Olallo el Viejo, antes de morir, ha tenido frente a sí al heredero de su fortuna pero no lo ha entendido. Este muchacho de modales educados, mirada altanera y hablar rápido, le resulta absolutamente incomprensible. Los dos Olallos representan dos mundos completamente diferentes, y uno de ellos agoniza.

Olallo el Viejo es cauto, astuto, calculador. De maneras serviciales, sabe pactar y comerciar, ceder y avanzar, siempre pensando en un beneficio a largo plazo. Olallo el Viejo tiene conciencia de arribista y sabe que, en Berja, muchos recuerdan que su mujer, Teresa Lupión, dos años mayor que él, es ‘la rica’. Ha sabido encaramarse a la cumbre del poder ganándose la confianza de las viejas fuerzas oligárquicas. Pertenece a esa burguesía conservadora financiera, que apoya a Isabel II, sus excesos y su aventura africana, que mientras proclama en voz alta, su celo católico, paga bajo mano a agentes de la bolsa la compra de las tierras desamortizadas en 1838 y 1855.

Olallo, su hijo, lo asusta, le conmueve, y le inquieta. Se declara teósofo, panteísta, naturalista, demócrata. Le habla de la identificación del hombre con la naturaleza y, como a través del estudio de sus leyes eternas, se puede extraer un conocimiento más científico del propio hombre. Todos somos iguales porque nuestros organismos lo son, sin importarle al físico si se trata de un noble título, un rico hacendado o un pobre, el cadáver que estudia en su mesa de disección. Olallo expone vehementemente, convencido, tanto de las diversas teorías sobre el origen del hombre que hacen reír a sus hermanas como de los falansterios donde la copulación se practica entre todos los miembros sin tener en cuenta el matrimonio. Doña Teresa se tapa los oídos horrorizada, y Olallo el Viejo impone silencio desesperado, sin atreverse a darle una bofetada a ese muchacho impertinente.

Para colmo, la revolución de Septiembre del 68 ha puesto todo patas arriba; el trono borbónico ha sido tirado por tierra, los radicalismos se han desatado y, mientras se suceden los alcaldes y gobernadores, en Madrid se discute qué mejor rey le conviene a España. Han surgido partidos nuevos, asociaciones obreras y en el mercado extraños oradores hablan de democracia, república, socialismo e igualdad social. Olallo el Viejo ha cerrado su casa, ha evitado lujos innecesarios, desconfía de todo hasta de la milicia nacional y teme al sufragio universal prometido por los vencedores del alzamiento militar. Prim, Serrano y el almirante Topete, son espadones conocidos pero han desencadenado fuerzas incontrolables que llevarán al país en una sucesión de conmociones desde la monarquía liberal a la república y el cantonalismo. Y Almería llegará a ser bombardeada por los barcos del cantón independiente de Cartagena en 1873. Olallo el Viejo ha muerto cuatro años antes y, esta muerte, desata la tormenta idealista, fantástica, delirante de su hijo Olallo que hasta ahora con autoridad había sabido reprimir. Doña Teresa no puede parar al joven aventurero. Los médicos le dan el certificado de liberación absoluta al condenarlo a un fin próximo: aseveran que tanto el como su hermano Francisco, están aquejados de tuberculosis, mal que no tiene ninguna curación mas que determinados tratamientos salutíferos sobre los que disienten las diversas escuelas que han estudiado la tisis. De estas recomendaciones y remedios le quedará a Olallo la búsqueda de aires sanos y el gusto por la carne cruda.

Olallo ya ha visitado el norte de África, Londres y Paris.

En la capital francesa ha seguido cursos de astronomía en el observatorio y quiere regresar, pero se lo impedirán los graves sucesos de la guerra franco-prusiana, recomendándole el traslado a Milán. Se siente liberado, separado del resto de la humanidad, marcado por su enfermedad que le da un aura heroica. Desea aprender, conocer, vencer al mismo tiempo la tuberculosis particular y la ignorancia de sus contemporáneos. Une ambas como una lacra que debe limpiar. Pero, la posibilidad de una muerte cercana lo vuelve inquieto, anhelante y temerario. Recorrerá durante estos años Europa entera, se desplazara a los trópicos, y entrará en el imperio Turco hasta llegar a Jerusalén. Se impone a sí mismo esfuerzos sobrehumanos y arrastra todas las dificultades por alcanzar la meta que se ha propuesto. Evidentemente, no sigue ningún consejo de los médicos y se aficiona al buen coñac que toma en medio de discusiones apasionadas sobre política.

Su mundo está venciendo: en Francia se ha acabado el Imperio Napoleónico y los liberales italianos han terminado con el poder temporal de Pontífice de Roma que se refugia en el Vaticano. Un hijo del rey del Piamonte, un Saboya, flamante rey de Italia, es elegido monarca por las cortes españolas. Olallo observa todo desde Milán, donde ha conocido una muchacha sueca, Zelma Wilksman, que se encuentra ampliando allí sus conocimientos musicales. Se enamorará pero sus sentimientos no serán exactamente correspondidos.

En la primavera de ese año decide volver a Almería. Sigue para ello, un rumbo diferente, recalando en Paris donde se entretendrá hasta que le llegue la noticia de la muerte de su madre. Se encargará a partir de ese momento de sus negocios un tutor, Gabriel González, que calma a Olallo respecto a sus obligaciones recomendándole que siga su vida viajera como su madre deseaba. Olallo llena la casa del Malecón de libros, de instrumentos astronómicos, y coloca un cocodrilo que se ha traído de Argelia, en la alberca del patio.

Quizá sus hermanas deseen retenerlo más tiempo, pero él decide acudir puntual a la cita con Zelma, a pesar de que esta le ha anunciado que tiene novio. Se llevará a su hermano Francisco pues ha oído que Zelma acude con su hermana Elena, deseosa de estudiar canto en el lago Maggiore. Un profuso nudo de sentimientos conmueve a estos jóvenes, pues mientras Francisco persigue a Elena, ésta se encuentra enamorada de Olallo y animada por Zelma, ambigua siempre en sus intenciones.

Elena ha pasado varios inviernos en Suiza y, el ultimo en Livorno, debido a la debilidad de sus pulmones. Ahora debe volver con Zelma a Suecia pues se ha acabado su asignación pero, ese otoño, su hermana hará el viaje sola. Olallo invita a Elena a viajar con él durante el invierno, comenzando la ruptura con Zelma que esta acentúa desde Suecia con una carta donde la anuncia que vuelve con su novio. Los cuidados de Elena en la depresión y la primera hemoptisis que le sobreviene en Genova, acaban por decidirlo. Olallo ofrece su nombre a Elena y embarca en viaje nupcial rumbo a Alejandría, donde una semana después de llegar, ella morirá de tifus, siendo enterrada en el cementerio europeo de la ciudad donde se conserva su tumba.

Nombrado por la Republica Española, secretario de la legación en Roma, OlaIlo se dedica a seguir cursos en el Observatorio bajo la guía del astrónomo padre Secchi. Con su flamante titulo diplomático, su orgullo a toda prueba y arrastrando el riesgo de un posible rechazo, se presenta en Suecia, donde Zelma finalmente se rinde. Se casaran el 30 de Diciembre de 1873 en la mansión de Johannesberg, propiedad de su abuelo.

Tres días después, el general Pavía acababa a tiros con la Republica Española, y un año mas tarde es restaurado en el trono Alfonso XII. Olallo se encuentra con su maestro Salmerón, que había llegado a ser presidente en un gobierno efímero. Está convencido, no volverá a España. No le importa para nada ese país de manolas y bandoleros con política de sainete, esa Turquía europea atrasada y retrógrada. Establecido en Sodertelje, una pequeña ciudad cercana a Estocolmo, se siente a gusto con la sociedad Sueca. Prepara un viaje al Polo Norte, en la expedición de Nordenshjold, con el barco Vega. Sólo un vomito de sangre, provocado por la ansiedad de los preparativos, le impedirá llevar a cabo sus propósitos. Es el primer aviso de la catástrofe que se avecina.  

 

 

Zelma Wilksman en 1890, de vuelta a Suecia tras la muerte de Olallo.

 

 

 

 

 

 

 

Hacía mucho tiempo que los mineros de la sierra escapaban a Linares u Oran. Salían en tandas, hacinados en las bodegas de los barcos, rumbo a Argelia, única esperanza para estos desgraciados que habían poblado durante un siglo la sierra de Gador. Las minas cerraban, los beneficios bajaban, el prestigio de Berja con las minas de plomo más ricas del mundo se eclipsaba en los mercados internacionales.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La orgullosa burguesía almeriense ha visto los ojos al lobo. Desaparecida la sopa boba de los conventos y las tierras comunales, las hambres cíclicas del campo andaluz han convertido al pueblo en un peligroso enemigo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Olallo está solo. Sabe que es una voz aislada, un panfletista que grita sus opiniones en el Ateneo, el marido de “la sueca protestante”, el despilfarrador de la fortuna del honrado Olallo Morales. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Se le escucha sobre todo en “La Crónica Meridional”, organismo de la burguesía liberal que busca adaptar los cultivos de la provincia a una nueva racionalidad científica, desarrollar la actividad fabril de la ciudad y la comercial de un puerto que todavía no existe y por el que se comienza a luchar desde las páginas de este diario.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cada uno de los integrantes llevara un equipaje particular, sus criados y sus ilusiones ya sean literarias, científicas o recreativas. 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Durante catorce días, los integrantes de la expedición medirán altitudes, recogerán muestras para el herbolario, charlaran de historia y de costumbres con los curas, médicos y entendidos que se encuentren en su camino.

 

 

 

 

 

 

Barcelona quiere tener su Cuba a menos de mil kilómetros, y Almería se lo ofrecerá consiguiendo a cambio los preciosos paños que están arruinando las pequeñas industrias locales.

1879

En una alberca yace un animal muerto, un cocodrilo. Hace varios días que decidió colocarse panza arriba y ya huele, pudriendo la poca agua que cubre ese estanque de adorno. Una criada pasa tapándose la nariz y mirando de soslayo a su excéntrico señorito que, situado en el ultimo escalón de la balaustrada, se apoya en el bastón presto a salir para un paseo madrugador. Tiene los ojos enrojecidos por la mala noche pasada, la ropa desaseada, un poco de barba. Y contempla a su bello animal muerto.

“¡Que se fastidien todos con el olor!, piensa. Es la desidia, lo que ha provocado su muerte, la falta de cálculo, el abandono. Deje prescrita la alimentación ordenada que debía suministrársele en unas notas perfectamente claras para la cocinera, que debía leerle mi hermana”

Olallo mira despreciativamente a la mañana, respira profundamente y se lleva la mano al pecho por el dolor. Está arruinado. Anoche firmó los papeles por los que hipotecaba todas sus propiedades a beneficio de la viuda de su tutor que estaba amenazada de embargo.

Fue una carta desesperada de ella la que le obligo a volver rápidamente el otoño pasado a Almería dejando a Zelma en Sodertelje. Acababan de regresar de Estocolmo, de hacer unas compras, habían discutido por la falta de dinero. Hacia tiempo que las minas no daban las rentas de antes, que las cartas de su tutor, Gabriel González anunciaban sibilinamente malas noticias. Ahora, su muerte, dejaba toda la trama al descubierto. ¿Desfalco? ¿Imprudencia?

Olallo promete volver pronto, en cuanto ponga en orden sus negocios. Pero, la realidad será mucho más dura de lo que esperaba: ha desaparecido su fortuna y la de su hermano Francisco. Quizás no han sido solo los manejos de Gabriel González los causantes de esa catástrofe que sitúa por primera vez a Olallo ante la realidad. Hacía mucho tiempo que los mineros de la sierra escapaban a Linares u Oran. Salían en tandas, hacinados en las bodegas de los barcos, rumbo a Argelia, única esperanza para estos desgraciados que habían poblado durante un siglo la sierra de Gador. Las minas cerraban, los beneficios bajaban, el prestigio de Berja con las minas de plomo más ricas del mundo se eclipsaba en los mercados internacionales.

Algunos iban en cubierta como privilegiados gracias a haber podido pagar el sitio vendiendo la casita y el pequeño pedazo de tierra, comprado cuando los sueldos de las minas eran buenos. Muchos ni siquiera habían pagado pasaje, lo harían mediante trabajos forzados en su lugar de destino. El imperialismo francés había querido poner un pie en la otra orilla del Mediterráneo y necesitaba estas familias colonas para afirmar la europeización de la costa africana. Como antes los grandes propietarios de las minas, los franceses usaron a estos mineros para cimentar sus fortunas. Luego, los tratarían de parecida manera.

Pero, de esto nada sabía 0lallo. ¿Por qué nadie se lo había dicho? Enfermizo, soñador, republicano, idealista, jamás visitó una mina odiándola como todo lo que su padre representaba. Se dedicó a estudiar el cielo descubriendo un mundo que se regia por maravillosas y limpias reglas exactas. Pensó algún día, con sus ideas democráticas, subir al pueblo a su nivel mediante la educación, liberándolo de la suciedad, la superstición y la pobreza.

Nadie había querido o se había atrevido a contarle la verdad de la ruina que se aproximaba, y el lo había tenido que aprender mediante esta amarga lección. Solo le quedaban su orgullo y sus conocimientos, demasiado teóricos para servirle de mucho, al menos de momento. Su clase lo ha abandonado. Demasiado excéntrico, liberal, revolucionario. De ideas extrañas y con un fuerte tufillo antirreligioso. La burguesía que 0lallo encuentra en 1879 no tiene nada que ver con la anterior a la revolución de Septiembre. Sus conquistas sociales están admitidas, su posición social defendida. La iglesia ha perdonado la desamortización y ahora bendice a los hijos de aquellos herejes que entran ordenadamente en sus colegios, en sus iglesias y presiden sus nuevas instituciones de caridad. A través de bondadosas damas, el dinero sacado de la mejor y más racional administración de esas fincas “robadas” a los frailes, pasa a sufragar hospitales, orfanatos, escuelas para pobres. Los maridos son más reacios pero ya vendrán. Se necesitan mutuamente.

La orgullosa burguesía almeriense ha visto los ojos al lobo. Desaparecida la sopa boba de los conventos y las tierras comunales, las hambres cíclicas del campo andaluz han convertido al pueblo en un peligroso enemigo. Si las damas se han horrorizado ante los desmanes de la Comuna de Paris, los varones han debido recurrir con demasiada frecuencia a la Guardia Civil para defender sus propiedades. Incluso algunos se han quedado aislados en sus fincas, teniendo que huir a uña de caballo, en la noche, mientras sentían a sus espaldas el asalto inmediato y el comienzo del incendio. La sombra de la Internacional ha recorrido los campos de boca de una casta de artesanos arruinados por los avances de la   revolución industrial, y se ha transformado en un eco milenarista y mesiánico, casi religioso. Todavía quedan criados fieles, pero el paternalismo de los antiguos nobles ha desaparecido. Los buenos hombres han sentido por primera vez terror. Han debido buscar el pacto con las fuerzas que antes despreciaran en su avance arrollador. La Iglesia y la Corona han sido el puente para el abrazo. Una nueva constitución de sufragio restringido consagra la situación y se reparten los puestos con la antigua oligarquía, mientras en la sacristía y en el casino se cocinan matrimonios con las altaneras familias aristocráticas de la ciudad vieja.

Olallo está solo. Sabe que es una voz aislada, un panfletista que grita sus opiniones en el Ateneo, el marido de “la sueca protestante”, el despilfarrador de la fortuna del honrado Olallo Morales. Y atribuye esta actitud a la enjundia particular de este pueblo que un día despreció y a la cazurronería de sus dirigentes. No puede volver a Suecia y deberá sacar a su casa de las cenizas. Sin embargo, no se quedará hundido, viviendo de los préstamos de los amigos y familiares. Saldrá adelante con la cabeza bien alta. Acentuará su snobismo, su pedantería, todo lo que le separa de esta casta noña y provinciana. Se creará una costra dura de luchador, dejando los idealismos de lado, hasta conseguir una valía técnica que le haga respetable y un freno en la caída hacia la indigencia. Olallo ha entrado a sus veintinueve años en la madurez y eso ha sido bien doloroso.

Cuando Zelma llegue a Almería en la Primavera de 1879 se encontrara con un Olallo cambiado y que, quizá no le agrade demasiado. Si antes la enamoró el hidalgo español que fue a buscarla como un caballero andante hasta Suecia, ahora le sorprende su orgullo frío, calculador, un poco egoísta. Está rodeado de amigos aduladores, embebido en lucirse ante la sociedad provinciana que tanto desprecia, envuelto en líos de faldas y proyectos oscuros. El puritanismo de Zelma se resiente, pero también ahora se encuentra realmente enamorada de su español de leyenda que resulta ser de carne y hueso. Intentará poner orden en ese desbarajuste aguantando el cerco de una sociedad que no la acepta. Los proyectos de Olallo se concretan, las amistades son seleccionadas, el nivel de coñac que consume a pasto desciende, la mujer del cónsul ingles es embarcada hacia Londres después de una larga conversación de Zelma con éste. Sin embargo, los líos de faldas seguirán, son parte integrante del nuevo carácter de Olallo que un día blasfemará delante de Zelma diciéndole: “Tú eres la catedral y las demás son sólo las capillas”.

Las rígidas economías impuestas por Zelma irán dando su fruto, así como las amistades de Olallo le rodearán de un nimbo de científico necesario para los nuevos proyectos de la sociedad técnica que se avecina. Se le llama, o se auto titula, astrónomo‑físico‑geólogo. Publica en los diarios sus observaciones, que van desde estudios sobre la climatología de Sierra Nevada a experimentaciones en navegación submarina. Se le escucha sobre todo en “La Crónica Meridional”, organismo de la burguesía liberal que busca adaptar los cultivos de la provincia a una nueva racionalidad científica, desarrollar la actividad fabril de la ciudad y la comercial de un puerto que todavía no existe y por el que se comienza a luchar desde las páginas de este diario.

Olallo está en la cumbre de su prestigio y cimentará su leyenda en estos años de dificultades económicas. Montará en los altos de su casa un observatorio astronómico, colaborando con instituciones científicas de Madrid y Barcelona, carteándose con astrónomos de varios países. Llegará a ser miembro de la Astronomische Gesenscheff. Pero, será mucho mas nombrado en la ciudad, en los corrillos de damas y los cenáculos de caballeros, por el hecho de subir completamente desnudo a realizar sus prospecciones científicas, que por los resultados de sus investigaciones, muy alabados, eso sí, en el Ateneo local.

También será la época de su famosa excursión a la cima del Mulhacen que comienza como una novela de aventuras. A las doce en punto de la mañana del 11 de Julio de 1880 se desarrolla una reunión multitudinaria. El escenario es la cervecería Inglesa, una taberna de este conocido puerto del Mediterráneo que es Almería. El objeto de la reunión es organizar una expedición a la cima de Sierra Nevada con quince miembros, diez sirvientes y unas veinte caballerías. En realidad, todo queda reducido a cinco asistentes, de los cuales dos se excusan. Después de esperar el cuarto de hora de rigor, se decide salir con lo que queda y los valientes exploradores declaman sus propósitos ante la divertida concurrencia. Lleva la voz cantante un granadino, afrancesado y satírico, llamado Antonio Rubio, que luego llevará las memorias de este viaje a un libro titulado pomposamente Del Mar al Cielo (ver edición facsímil y estudio preliminar de Andrés Sánchez Picón, 1994).

Le toca el turno de intervención a 0lallo que proclama: “y yo, añadió el Astrónomo-Físico-Geólogo, abrigo una necesidad imperiosa de medir por mí mismo aquellas altitudes, de hacer observaciones higrométricas, de comprobar cálculos, de tomar longitudes, de determinar latitudes geográficas, de apreciar pendientes, de medir distancias, de examinar rocas, de analizar la Flora, de estudiar la Fauna, y de satisfacer mil ansias investigadoras, ya con el microscopio, desmenuzando una por una las fibras del insecto, ya con el telescopio, penetrando en las masas ígneas de los soles (suena un ¡Hurra! cuasi general). Sin que esta empresa, continua el orador, tenga para mi la importancia científica de otras que he realizado, anhelo llevarla a cabo, movido del interés, de la novedad que en sí encierra. Por lo demás, al que ha medido los 4.810 metros de elevación del Mont Blanc, los 4.618 del Mont Rosa, los 4.522 del Mont Cervin, al que abriga la confianza de medir los 8.840 del Guarisankar, y los 8.588 de Kuchichinga...(un oyente hace una mueca) y los 8.572 del Dawalagerid, en el Himalaya, al que confía como yo en poder ascender muy pronto al Monte Ebrouz, al Ambostimenes, al Nevado de Sorata, y al Chimborazo, poco puede importarle subir un escalón de la tierra, para situarse a la miseria de 3.546 metros sobre la superficie en que nos hallamos. La confirmación de esta ultima cifra es uno de los alicientes que para mí tiene la expedición. Mientras que unos geógrafos dan la altura dicha a Mula-Hacen, punto culminante de Sierra Nevada y de España, otros le conceden solo 3.451,   y otros lo elevan a 3.700, y últimamente la Comisión allí instalada el año anterior para el enlace geodésico y astronómico de Europa y África, dio por resultados 3.481 metros. Yo quiero comprobar por mí mismo estas diferencias, y quiero (el astrónomo se hace servir una copa de coñac) instalarme allí hasta invernar, si necesario fuese, para satisfacer mi curiosidad científica”. La descripción de la reunión parece sacada de una novela de Julio Verne – citado por varios de los asistentes -, y da comienzo a la aventura del grupo escalador.

Los aplausos de la asistencia levantada en pleno dan la aprobación a esta excursión que saldrá el sábado 17 de Julio de 1880, de Berja, donde espera 0lallo junto al tercero de la lista, un abogado aventurero y caballista. La sorpresa está en que, a ultima hora, se ha añadido Francisco Morales a la expedición. Antonio Rubio, a punto de subir en la diligencia que sale de Almería, lo encuentra con un elegante chaqué de paseo y lo invita a la aventura sin muchas esperanzas y más bien por educada cortesía. Francisco toma asiento junto a él y sin equipaje (luego se lo proporcionarán en Berja), parten ambos enviaje. Se encaminan por la terrible carretera del Cañarete rumbo al destino que se han marcado.

Cada uno de los integrantes llevara un equipaje particular, sus criados y sus ilusiones ya sean literarias, científicas o recreativas. Antonio Rubio va armado con La Alpujarra de Alarcón, La Historia de La Fuente y Simonet, La Rebelión de los moriscos, de Mármol y la de Mendoza, mapas, censos, boletines científicos y diccionarios geográficos, destacando el de Madoz que, amablemente, fusilará a lo largo de su libro recopilación de esta aventura.

“Más fundamentales serán para el abogado su caballo, sus dibujos y su perro Centella, un alano de cabeza inteligente y color perla. Será Olallo quien despliegue un verdadero arsenal de instrumentos y aparatos: un criado avanza delante suyo a la descubierta armado de un odómetro bien graduado a su marcha y de cañon de regulares dimensiones, que tal parecía el barómetro de Fortin que llevaba embutido en su funda de vaqueta, y colgado a la funerala. Como todos, Olallo lleva sus gemelos de campana, y colgado a las bandas: una brujulita de Brunner, con clinómetro, construido por Grasselli, un sextante de Negretti, un cronógrafo anónimo, otra brujulita idem, un aneroide, un termómetro de Gaggini, y en las sinuosidades de sus bolsillos, cintas métricas, y otras brújulas, termómetros y cronógrafos. Todo ello sin contar con lo que venía en la acémila de repuesto: una escuadra de reflexión, un barómetro holostérico, un termómetro de máxima, construido por Casella, otro de mínima del misino autor, otro de Secretan, con envoltura para apreciar la humedad atmosférica, un evaporómetro también de Secretan, con sus respectivos discos de papel, un cromóscopo para apreciar la intensidad del color, papeles azonométricos, preparados por Jame de Sedan, con su escala de cero a veinte y uno, una linterna de fósforo, una caseta para los instrumentos metereol6gicos, un magnifico anteojo de Harris, de Londres, de dos y media pulgadas de abertura, de dos oculares astronómicos y uno terrestre, otro anteojo de Browning, y,... la mar”. Así describe Antonio Rubio el bagaje de su compañero de aventuras.

Durante catorce días, los integrantes de la expedición medirán altitudes, recogerán muestras para el herbolario, charlaran de historia y de costumbres con los curas, médicos y entendidos que se encuentren en su camino. Todo ello en un recorrido estricto que los lleva a través de la Alpujarra almeriense por Beninar, Darrical y Cadiar, hacia Berchules, subiendo por Juviles y Trevelez hasta el pico de Mulhacen. Y bajando por el barranco de Poqueira, Capileira y Bubion, y Campaneira, hasta el balneario de Lanjarón. Desde allí descendieron al mar por El Viso y Velecillos a Motril, donde cogerán el vapor hasta Adra mientras las caballerías y los criados van por tierra.

Las ideas de 0lallo se concretan en proyectos y estudios. Las aplicaciones comienzan a ser prácticas. Se necesitan este tipo de hombres para afrontar la nueva apuesta que se plantea en los Círculos Mercantiles de la ciudad. Las minas llenan cada vez menos las bodegas de los barcos y, sin embargo, la demanda de productos aumenta. Hay que ofrecer algo de vuelta en los barcos que traen mercancías de Londres, El Havre o Barcelona. Será de esta última ciudad de donde surja la sociedad que terminará contratando a 0lallo para llevar a cabo una transformación fundamental en los cultivos almerienses, reorientándolos hacia la exportación. Lo que unos intentaran con la uva, y otros mas tarde con la naranja, él lo pretende con el azúcar. Por eso, se pasea nervioso de uno a otro lado del pequeño muelle. Atisba el mar, mira su reloj, se lleva la mano hacia la cabeza introduciendo los dedos entre sus cabellos erizados. El joven velero, cuyas ultimas noticias daban como segura su partida de Adra después de unas reparaciones imprevistas, se retrasa. Está a punto de proponerse subir al castillo de San Telmo para divisar el ansiado cargamento, pero desiste de la idea y se aleja para comer con unos posibles inversionistas entusiasmados con el proyecto de la caña de azúcar. Unos obreros se afanan en descargar un barco. Por un momento, Olallo piensa en un sistema de poleas que los ayudará en su trabajo. Sí, su fábrica, el Ingenio, dará nuevos puestos de trabajo y las máquinas harán más fácil la tarea. Varias chimeneas se alzan orgullosas con su estela de humo sobre la ciudad, otras vendrían después. Él ha decidido luchar por ese progreso, esos adelantos, los cambios técnicos necesarios para que la felicidad universal se logre sin necesidad de una revolución. El dinero es abundante y solo hay que lograr que se invierta racionalmente. Ahora son solo unos pocos frente a la reticencia de lo tradicional pero el tiempo lograra vencer voluntades. Barcelona quiere tener su Cuba a menos de mil kilómetros, y Almería se lo ofrecerá consiguiendo a cambio los preciosos paños que están arruinando las pequeñas industrias locales. El cambio es irreversible y hay que estar encima de la ola o quedarse varado en una playa sin destino. La ciencia es la única salvación posible de esta provincia que se hunde por momentos. Pero, el barco se retrasa, los cortijeros son reacios al cambio de cultivos, los señores, los rentistas, adolecen de indolencia connatural.

En el malecón, descansan para su traslado dos preciosas máquinas, la una francesa y la otra inglesa. Lo mejor para el Ingenio, para la fabrica. Sin embargo, hace tiempo que la cuadrilla debía haberlas recogido. Otra vez la pereza, la desidia, el abandono. Es difícil luchar y 0lallo siente que le vuelve la opresión en el pecho.

 

Los hijos de Olallo a su llegada a Suecia en 1890. 

 

 

 

 

Se acabó la euforia producida por el chorro de oro que la minas metieron en los bolsillos de sus afortunados propietarios. Fue un festival alegre a inconsciente de fiestas elegantes, proyectos fantásticos, muebles italianos y vestidos de Paris. Todo se fue en gastos suntuarios, grandes mansiones y un elitismo alejado de la realidad que llevo a definir a un viajero el ambiente de Almería corno un estilo de vida típicamente inglés. 

 

 

 

Un año después, la familia Morales se embarca rumbo a Suecia. Cuatro niños y su madre, que vuelve al país natal. Cuarenta años después, Zelma Wilksman de Morales relatará en unas notas sus impresiones sobre su vida con 0lallo. Zelma morirá en 1943, a la edad de noventa y tres años, sin haber vuelto jamás a Almería.

1889

La casa está en penumbra. Las criadas bisbisean y varios hombres permanecen callados con el sombrero entre las manos. Solo interrumpe el silencio una composición para piano de Mozart, cuyas notas llegan apagadas desde el piso superior. Olallo ha hecho subir el piano y Zelma toca sola, sin consultarle como tantas otras veces, sin sentir su mano pasando las hojas. De vez en cuando, atisba entre los cortinajes de la cama y lo contempla agonizante, entre un revolotear de médicos y hermanas llorosas.

Se encontraba en Berja cuando le dio el vomito de sangre y, empeoro su mal, decidiendo venirse a Almeria de improvisto. Apareció traspuesto, con el caballo sudoroso por el terrible esfuerzo que se le había impuesto. Se echó en la cama retorciéndose de dolor y Zelma comprendió que había llegado el final. Desde la bancarrota definitiva del Ingenio de azúcar, la salud de OIallo había empeorado considerablemente. Lo había intentado todo, sus estudios climatológicos eran correctos y aconsejaban el cultivo, la máquinas habían llegado, el trabajo químico se había realizado. Pero, tras cinco años de lucha, la sociedad azucarera cerraba con saldo negativo. El cambio de cultivos no había sido posible ante la cerrazón de los propietarios, las dificultades de los cortijeros por adaptarse al nuevo laboreo, las reticencias de la ciudad. La zafra almeriense resultó un estrepitoso fracaso.

La misma sociedad lo había contratado para realizar planos y gestiones respecto a la línea que unirá Linares con el puerto. Pero, el tren llega tarde para Olallo y para Almería. Los pulmones no dan más de sí, la enfermedad toma posesión de un cuerpo que se abandona a su suerte. Se acabó la euforia producida por el chorro de oro que la minas metieron en los bolsillos de sus afortunados propietarios. Fue un festival alegre a inconsciente de fiestas elegantes, proyectos fantásticos, muebles italianos y vestidos de Paris. Todo se fue en gastos suntuarios, grandes mansiones y un elitismo alejado de la realidad que llevo a definir a un viajero el ambiente de Almería corno un estilo de vida típicamente inglés. Mientras, por el puerto, salían ordenadamente los productos de las minas, como lo hicieron sus trabajadores una vez se fueron agotando los filones tan preciados.

Se acabaron las esperanzas en la ciencia, aunque muchos seguirán intentando luchar cada vez en condiciones mas desfavorables. Nos saldrá más humo de las cuatro chimeneas que se alzaban en la ciudad, cerraran sus puertas las manufacturas como lo hicieron las factorías de Adra o los altos hornos de Garrucha. Una sociedad enferma no podrá dar ese paso que sus pulmones no le permiten. Olallo será una de sus víctimas. Después de una semana de agonía, morirá el 26 de agosto de 1889.

Era el momento que esperaba la sociedad tradicional para echarse encima, para vengarse. Se le negará el entierro en Camposanto como deseaban sus hermanas. De nada valdrán los ruegos ni las pruebas, más o menos interesadas, que aporten respecto a su matrimonio mixto o una posible confesi6n final. El cuerpo de Olallo deberá ser depositado en el cementerio civil, donde queda guardado en una tumba que aun hoy luce airosa: una piñastra de piedra partida por la fuerza del pino que Zelma mandó plantar a su lado. Una compañía tan solo, la de su hija Teresa, que se quedó para siempre con él en Almería. Antonio Rubio le dedicará una necrológica en La Crónica Meridional, el diario de la burguesía mercantil almeriense.

Zelma tuvo que irse. Olallo no ha muerto en la mejor situación económica, en la casa del malecón se respira un ambiente de penuria. No hay en este caso un hombre – la sociedad de Almería funciona así -  que pueda sacar adelante la situación y de nada valen los buenos deseos de los familiares, ni los intentos de Zelma de dar clase de piano como una solución transitoria hasta que el hijo mayor crezca y entre en los circuitos de relaciones de su clase social.

Un año después, la familia Morales se embarca rumbo a Suecia. Cuatro niños y su madre, que vuelve al país natal. Cuarenta años después, Zelma Wilksman de Morales relatará en unas notas sus impresiones sobre su vida con 0lallo. Zelma morirá en 1943, a la edad de noventa y tres años, sin haber vuelto jamás a Almería.

   

 

 

 

Mi agradecimiento a Mónica Morales Asplund, por haberme proporcionado las memorias de Zelma Wilksman, y a María del Mar Cruz Muñoz por sus recuerdos de familia compartidos. 

 

 

 

CRONOLOGIA DE OLALLO MORALES LUPION (1852‑1889)

1852  18 de Febrero: nace en Berja (Almería).

1854  Bienio progresista. Segunda desamortización.

1858  O'Donnell, líder de la alta burguesía, acaba con los moderados. Unión Liberal y proyectos africanos.

1859  La familia Morales se traslada a Almería. Residen en la calle Real hasta que se termina la casa del Malecón construida sobre los terrenos de las antiguas murallas del puerto..

1862  0lallo ingresa en el colegio regentado por Nicolás Salmerón en Madrid. Contactos con el Krausismo.

1865  01allo Morales Sierra, su padre, teniente alcalde, es nombrado alcalde por vacante de Francisco Jover.

1866  Sublevación de los sargentos de San Gil en Madrid. Represión moderada.

1866  Olallo va a Paris a estudiar astronomía en el Observatorio de la capital.

1868  Septiembre: se alzan en Cádiz, Serrano, Prim y el almirante Topete. La revolución triunfa.

1868  0lallo vuelve a Almería.

1869  Muere 0lallo Morales Sierra, Olallo el viejo, su padre.

1870  Viajes por Europa, Asia Menor, Egipto y Palestina.

1870  La comuna de Paris y la entrada de los liberales en Roma.

1870  Primavera: 0lallo estudia en Milán. Conoce a Zelma Wilskman.

1872  Muere Teresa Lupión Padilla, su madre.

1872  Verano en el lago Maggiore. Conoce a Elena Wislkman

1872  Primera hemoptisis. Viaje a Alejandría. Elena Wilskman muere de tifus.

1873  11 de Febrero: se proclama la primera República Española.

1873  Septiembre: Gobierno Castelar; 0lallo es nombrado secretario de la embajada en Roma.

1873  30 de Diciembre: se casa con Zelma Wilskman en Johannesberg.

1874  3 de Enero: El general Pavía acaba con la republica. Dictadura de Serrano.

1874  0lallo y Zelma visitan Almería. Nace 0lallo Morales Wilskman.

1874  29 de Diciembre: Martínez Campos se rebela en Sagunto. Restauración de los Borbones con el monarca Alfonso XII.

1875  0lallo deja su cargo de secretario de embajada y se exilia como Salmerón.

1876 Constitución de los notables. Sufragio restringido.

1877  Octubre: 0lallo y Zelma se establecen en Sodertelje, cerca de Estocolmo.

1878 Primavera: expedición de Nordensjold con el barco Vega al Polo Norte. Segunda hernoptisis que impide la participación de Olallo.

1878  Otoño: Muere Gabriel González, tutor de 0lallo. Bancarrota familiar.

1878  8 de Agosto: conspiración republicana de Ruiz Zorrilla y Salmerón. Represión moderada.

1879  Primavera: Zelma llega a Almería de donde 0lallo no puede salir.

1880  17 de Julio: excursión de 0lallo con Antonio Rubio a la cima del Mulhacen. Libro Del mar al cielo narrando la epopeya.

1881  Gobierno liberal de Sagasta. Libertad de prensa.

1881  La Compañía Azucarera, con sede en Barcelona, encarga a 0lallo de hacer observaciones meteorológicas en Almería.

1882  Cultivo de azúcar, construcción de pozos, irrigación, compras de maquinaria en Francia.

1885  Esta terminado el Ingenio de azúcar. 0lallo ha hecho el trabajo químico y dirige la fábrica.

1888  Ruina de la Compañía Azucarera.

1889  Dibujando un plano geológico del ferrocarril Linares‑Almería, sufre un vómito de sangre.

1889  26 de Agosto: Muere 0lallo en Almería siendo enterrado en el cementerio civil.

 

 

Es necesario aclarar que existen tres Olallos: Olallo Morales Sierra (1818-1869), alcalde de Almería; Olallo Morales Lupión (1852.1889), el protagonista de este trabajo; y su hijo, Olallo Morales Wilksman (1874-1957), compositor sueco.  

GENEALOGIA DE LOS MORALES

I. Juan de Morales (nacido en Félix), casado con Ana de Flores.

II.  Bernardo Morales Flores (vivió en Roquetas,  m.1834), casado con María de los Dolores Sierra y Ruiz (1801-1834).

III.  Olallo José Morales Sierra (1818-1869) Nacido en Berja, casado con Teresa Lupión Padilla (1816-1872).  Tienen a:

a)      Pilar Morales Lupión (1837) se casó con José María Cuesta y Gutiérrez

b)      Soledad Morales Lupi6n (1839). Se casó con Francisco Rodríguez Lupión, su primo (Rama de los Verdes y González Rodríguez.

c)      Federico Morales Lupi6n (1840). Murió joven y soltero.

d)      Adela Morales L.upión (1842-1910). Casó con Enrique López de la Cámara y tuvo a:

                                                               i.     Enrique L. de la Cámara Morales. Casado con Soledad Gonzalez Lupi6n.

1.     Soledad, muerta niña.

e)      Eduardo Morales Lupión (1844-1862). Casó con Carmen Castañedo, sin hijos.

f)       Constanza Morales I.upión (1847-1915). Casada con Pedro Vivas Cruz (1827-1874) Rama de los Cruz Muño.

g)      Olallo Francisco Morales Lupión (m. Niño)

h)      Olallo Eladio Morales Lupión (1852-1889). Casado con Zelma Wilskman (1850-1943). Rama de los Morales suecos.

i)        Francisco Morales Lupión (1854-1907). Soltero.

IV.  Olallo Eladio Morales Lupi6n (1852-1889). Casado con Zelma Wilskman (1850-1943). Tuvo a:

a)      Olallo Morales Wilskman (1874‑1957). Casado con Clary Asplund (1876-1959).

b)      Zelmica Morales Wilskman (1877-1957). Casada con Mauritz Asplund (1868-1945).

c)      Matilde Morales Wilskman (1884-1971). Casada con Sven Hylander (1873-1955). 

d)      Juan Morales Wilskman (1888-1971). Casado con: 1) Elsa Hill‑Lindquist. 2) Astrid Norgren (1900).

V.    Olallo Morales Wilskman (1874-1957). Casado con Clary Asplund (1876-1954).  Tuvo a:

a)      Mónica Morales (1908). Casada con Göran Schild.

b)      Olallo Morales Asplund (1914) que sigue.

c)      Christoffer Morales Asplund (1919). Casado con Birgitta Gustavson (1924).

VI      Olallo Morales Asplund (1914). Casado con Marit Asplund (1917). Tuvo a:

a)      Olallo Morales Asplund (1946).

b)      Anita Morales Asplund (1950).

c)      Elena Morales Asplund (1952).

d)      Joen Morales Asplund (1959).

V. Zelmica Morales Wilskman (1877‑1957). Casada con Mauritz Asplund (1868-1945).             Tuvo a:

a)      Teresita Asplund Morales (1904‑1981).

b)      Uno Asplund Morales (1910‑1979).

VI.     Uno Asplund Morales (1910‑1979). Casado con Anija Supkiewies (1916-1979).             Tuvo a:

a)      Rolf Asplund (1944). Casado con K. Kevorkian.

b)      Eva Asplund (1948). Casada con Christer Kiells.

V.       Matilde Morales Wilskman (1884‑1971). Casada con Sven Hylander (1873-1955).  Tuvo a:

a) Sven Hylander Morales (1911). Casado con 1.Gunlög Sundin. 2.Elisabeth Luders (1921). Tuvo a:

a)      Suen Hylander (1942). Casado.

b)      Eva Hylander (1945). Casada con Mjöberg. 2 niños.

b) Einar Hylander Morales (1913). Casada con Gun Kempe (1915). Tuvo a:

c)      Bo Hylander (1941).

d)      Torsten Hylander (1944). Casado. 2 niños.

c)      Herbert Hylander Morales (1914). Casado con Martha Riben (1914). Tuvo a:

a)      Lars Johan Hylander (1943).

b)      Beng Axel Hylander (1945). Casado con Ingrid Holm (1945). Tuvo a:

                                                               i.     Johannes Hylander (1971).

c)      Karin Hylander (1950). Casada 1981.

d)      Torsten Hylander Morales (1916). Casado con K. Johnson (1927). Tuvo a:

a)      Michael Torsten Henrik Hylander (1957).

e)      Bengt Hylander Morales (1920). Casado con Marie‑Joseph Armand‑Bona Christave. Tuvo a:

a)      Marie‑France Hylander (1951).

b)      Eric Hylander (1956)

c)      Christian Hylander (1959).

d)      Stefan Hylander (1962).

V. Juan Morales Wilskman (1888-1971). Casado con: 1. Elsa Hil Lindquist. 2. Astrid Nordgren (1900). Tuvo a:

VI.      Elena Morales Nordgren (1919). Casada con B. Lohmer.            Tuvo a:

VII.    Bjorn Lohmer Morales.            Casado con Anita Morales Asplund.

 

 

  Fin del artículo

Mi agradecimiento a Gemma Pérez Zalduondo por sus apreciadas informaciones. 

Bibliografía y discografía

Forsberg, Bengt, piano. Solitaires. Olallo Morales. ACCD-1017

Giménez Rodríguez, Francisco Javier, Música española fuera de España: Olallo Morales (1874-1957). Granada. Editorial Universidad de Granada, 2003.

Giménez Rodríguez, Francisco Javier, Olallo Morales(1874-1957): una imagen exótica de la música española. Madrid, Alpuerto.

Giménez Rodríguez, Francisco Javier, “La creación musical de Olallo Morales en los años cuarenta: una imagen exótica de la música española”, Actas del Congreso Joaquín Rodrigo y la creación musical de los años cuarenta. Valladolid, 22-24 de Octubre de 2003. 

Giménez Rodríguez, Francisco Javier, “Morales Wilskman, Olallo Juan Magno”, Diccionario de la música española e hispanoamericana, vol. VII, p.776-783, Madrid, SGAE, 2000.

Giménez Rodríguez, Francisco Javier, “La creación musical de Olallo Morales en los años cuarenta: una imagen exótica de la música española”, Congreso Joaquín Rodrigo y la creación musical de los años cuarenta. Valladolid, 22-24 de Octubre de 2003.

Giménez Rodríguez, Francisco Javier, "Canciones y danzas en la música de tecla española fuera de España: Olallo Morales (1874-1957)".V Simposio Internacional de música de tecla española, Mojacar, octubre 2004. 

Perianes Granero, Javier. Interpretación al piano de Olallo Morales Wilksman. Composiciones para piano, Almaviva. 

Rubio, Antonio, Del mar al cielo. Crónica de un viaje a Sierra Nevada, imprenta de la viuda de Cordero, Almería, 1881.

Rubio, Antonio, "Necrológica al fallecimiento de Olallo Morales", La Crónica meridional, 27 de agosto de 1889. 

Ruíz Tarazona, Andrés. Olallo Morales, un rescate necesario, Curso de música española, 2003. 

Sánchez Picón, Andrés, edición facsímil y estudio preliminar de Rubio, Antonio, Del mar al cielo. Crónica de un viaje a Sierra Nevada, imprenta de la viuda de Cordero, Almería, 1881. (Instituto de estudios almerienses, Granada, 1994) 

 

 

Materiales de historia es una web de investigación en ciencias sociales basada en trabajos de José María Perceval