Historia de la historia de los moriscos:

La prostituta de Babilonia

 

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"On a beacoup écrit sur les morisques. Il pouvait sembler que l'on avait tout écrit"

                        Pierre Chaunu, 1961.

 

"Y vi a una mujer, sentada sobre una Bestia escarlata que tenía siete cabezas y diez cuernos. La mujer, vestida de púrpura, resplandecía de oro, piedras preciosas y perlas; llevaba en su mano una copa de oro llena de abominaciones, y en su frente un nombre escrito -un misterio - : LA GRAN BABILONIA, la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra", APOCALIPSIS, 17, 3-5.

                        

"España ganó materialmente con la unidad religiosa y la seguridad política resultantes de la expulsión de los moriscos"[1] ya que "si los moriscos no hubieran sido deportados, España podría haber sufrido varios siglos de violencia, incluso mayor que la padecida hoy por Irlanda y el Líbano, porque las diferencias en estos pueblos son sólo religiosas, mientras que en España hubieran sido a la vez religiosas y étnicas"

                        HAMILTON, 1978[2]

 

La relación de los moriscos con el cristiano es parecida a la de la prostituta con su cliente. Aunque la comunidad de rameras sea algo vivo, no imaginado, la prostituta 'real' es sólo una tapadera de los fantasías y obsesiones del demandante, sueños a los que ella se debe acoplar. De esta forma, a través del onirismo, esta quimera se convierte en un organismo autónomo dotado de personalidad arquetípica que la define como 'la prostituta', independientemente de sus rasgos personales. La mujer dedicada a la prostitución estará más lejos o más cerca de la imagen de 'la prostituta', de ese arquetipo de 'la puta', pero vivirá identificada inevitablemente a ella. A pesar de las racionalizaciones, 'Hijo de puta' es semánticamente una infamia y 'puta', la muchacha que busca el placer propio de forma incontrolable. Se aplican las cualidades en relación inversa a su realidad. Lo que es fruto del deseo del varón, sea el fruto obtenido (el hijo) o la concupiscencia de pago, se traslada sobre el objeto (la prostituta) liberando al demandante de la falta cometida.

En realidad, si no existiera el cliente no existiría la prostituta. De la misma forma, no es posible entender al morisco sin la comunidad cristiana que lo somete, lo explota, lo bautiza, lo estudia, lo unifica, planifica su integración y, finalmente, lo expulsa.  Muchos grupos 'nacionales', 'profesionales' o 'deportivos' son asimilados a un arquetipo, pero sólo los que son explotados o perseguidos deben defenderse de esta imagen opresora y obsesionante.

"Pocos acontecimientos en la historia del mundo han originado una masa tan grande de libros, artículos y ensayos como la expulsión de los moriscos españoles, literatura que comenzó durante la expulsión misma y ha continuado sin descanso hasta el presente. Sumamente diversos han sido los antecedentes, nacionalidades, simpatías, afiliaciones, objetivos y puntos de vista de los autores. Los españoles, en general, han defendido la expulsión fundándose en argumentos políticos y religiosos; los autores extranjeros la han condenado casi sin excusas, y protestantes y liberales han sido muy duros en su condena" (Hamilton, 1978, p.69)

En otro sentido más historiográfico, los moriscos se han convertido en una suerte de reválida. No hay autor de Historia de la España Moderna que no haya pasado sobre ellos, a veces dejando fuertemente impresas las plantas de sus pies[3].

                        "Difícil será encontrar en toda la Historia de España asuntos que hayan interesado tanto (no sólo a los investigadores, sino también a poetas, dramaturgos, novelistas y escritores políticos) como los de la conversión forzada, el alzamiento y la expulsión de los moriscos, sus incidentes y sus vicisitudes".

                        CARO BAROJA.[4]

 

"On a beaucoup écrit sur l'expulsion des Morisques, cet événement qui dans l'histoire d'Espagne équivaut à la Révocation de l'Edit de Nantes dans l'histoire de France, Henri LAPEYRE[5]

Esta memorable cita se repite en uno de cada dos estudios sobre el llamado "problema morisco"[6], ese objeto histórico sobre el que parece que todo se ha escrito y sin el que se torna incomprensible el final de la llamada 'Reconquista', limpieza de esa mancha o pecado original que es la dominación musulmana, y 'la restauración de la nación española'

“No todos califican de igual manera, ni aprueban las medidas que fue preciso adoptar para sacar de la reconquista las debidas ventajas; para reparar cumplidamente los estragos causados por la conquista y dominación sarracénica, y para restaurar la gran obra de los Leandros y los Recaredos, realizando la unidad civil, religiosa y legal de la nación española"[7].

Márquez Villanueva situaba la continua revisión de este objeto historiográfico como "La venganza de los moriscos, un secular complejo de culpabilidad entre “la apología agresiva y la permanencia obsesiva del acontecimiento”[8], que nos ha dejado presos en el laberinto de la denuncia o de la justificación.

“L'expulsion générale des Morisques (1609-1610) constitue une de ces mesures radicales que presque personne n'a envisagée sans être plus ou moins pris dans le labyrinthe de la dénonciation ou de la justification. C'est à dire que la 'question morisque' bénéficie à ce jour d'une bibliographie abondante, due néanmoins trop souvent à un esprit polémique"[9].

En 1964, el profesor Reglà recalcaba, partiendo de Braudel, "con optimismo indisimulado la superación de la fase polémica sobre el tema morisco y el paso hacia la fase científica"[10].

Afortunadamente, nunca llega ese momento, ansiado por tantos historiadores, de la ausencia del sentimiento, la disputa y la pasión[11] que sería hacer borrón y cuenta nueva sobre el pasado de la formación social cristiana que en 1609, por decisión de la cúpula de su aparato estatal, expulsó una comunidad concreta, unificándola como portadora de un mal determinado. Lo antihistórico no es la polémica sino su eliminación. Analizamos comunidades vivas de las que somos herederos y no, como pretenden algunos positivistas, diseccionamos cadáveres con objetividad desapasionada. Los planteamientos originales, las alternativas, siguen completamente vigentes:

            - ¿Podía admitir la comunidad cristiana otra que no lo fuera, es decir, integrarla dentro de su formación social, o esto le era consustancialmente imposible?

            - ¿Era posible la asimilación de la comunidad morisca (etnocidio) o era necesaria su extirpación (genocidio)?

            - ¿Fue la comunidad morisca o fue la comunidad cristiana la que creó ese todo unificado que conocemos como "morisco" o "lo morisco" (imagen)?

Todos estos problemas son propios a la comunidad cristiana, vencedora sobre el Islam de al-Andalus, poseedora de unas masas vencidas cada vez más numerosas desde 1250 y 'minorizadas' desde 1492, para ser definitivamente expulsadas en 1609. Estudiemos, pues, en primer lugar, la larga "historia de la historia de los moriscos", iniciada con los libros apologéticos sobre la expulsión, que la fundan.

Antes se polemiza sobre soluciones expuestas (asimilación-extirpación-imposibilidad de la tolerancia) y, después, se medita sobre la inevitabilidad de la medida adoptada. Son precisamente los partidarios de la extirpación, justificadores más o menos claros de la expulsión, los más interesados en construir una historia finalista que acabe en 1609 (fin del 'problema morisco' que ellos construyen).

No se pueden utilizar los documentos de una comunidad para estudiar otra si no es utilizando un filtro crítico notable, menos aún si esos documentos han construido su texto para demostrar la necesidad del exterminio del contrario (en cuerpo o en espíritu). ¿Significa esto que es prácticamente imposible hacer una historia de los moriscos? Quizás. ¿Significa esto que todas las historias de los moriscos se encuentran trabadas de principio? Quizás. Los moriscos vivieron su historia, aunque probablemente tuvieran menos conciencia individual que los miembros de la élite cristiana de estar viviendo una 'historia' como conjunto histórico definido. Esto es una hipótesis a discutir

Sus sucesores son los que desean acabar con la historia al mostrar que las cosas sucedieron porque sí, con lo que se reduce la historia a la metereología.

            "Drástica y efectiva medida" , TORRES MORERA, 1971, p.121.

Precisamente, nosotros intentaremos invertir la situación: la historia de los moriscos comienza en 1609 y no acabará nunca. Es la historia de las múltiples construcciones, reconstrucciones y visiones que unifican una comunidad para luego intentar expulsarla del campo de la historia.

“De conflicto colonial califican Lapeyre, Hamilton  y Vilar el problema morisco, que comparan, respectivamente, con la situación de los indígenas en la Argelia francesa, de los negros en el sur de los Estados Unidos y de los indios en la América hispana"[12].

Es la historia de las múltiples apropiaciones de 'lo morisco' al ras de otras polémicas que conmueven la comunidad, donde los moriscos son los negros de Hamilton los fellahs[13], los nacionalistas argelinos de Lapeyre[14], Braudel[15] y Jaume Fuster, los catalanistas de Dolors Bramon[16], los anarquistas y revoltosos cubanos de Boronat[17], los palestinos actuales[18], los trabajadores inmigrados de García Arenal[19] y de Perceval... Su historia es la historia, en suma, de todo el enriquecimiento de aportaciones realizado por los diversos historiadores que han tocado este ambiguo objeto del deseo, tentación en la que pocos no han caído.

“En nuestros días ¿No se ha perseguido con encarnizamiento la propaganda anarquista? ¿No se han fiscalizado las acciones todas de los prosélitos de tan infernal doctrina? Y, ¿quién se ha rebelado contra las disposiciones gubernativas encaminadas a extinguir la doctrina que justifica la idea de clavar el plomo o el puñal en el pecho de los soberanos? No es nuestro intento comparar a los moriscos de antaño con los anarquistas de hogaño, pero ¿Y los filibusteros cubanos y filipinos? ¿Acaso no predicaron estos el programa incompleto de los moriscos al conspirar contra la metrópoli? ¿No acogían los españoles honrados las denuncias contra los sectarios que la masonería contaba en nuestras antiguas colonias? Y cuando estos empuñaron las armas para sacudir el yugo suave o duro de las castillas ¿no enviaron nuestros gobiernos millares de hombres y ríos de oro para sofocar aquella insurrección? Por eso preguntamos al crítico imparcial, ¿fueron justificadas las denuncias de los cristianos viejos contra los moriscos que avivaban su fervor alcoránico y su odio a lo español mediante prácticas de ceremonias mahometanas?", BORONAT.


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    [1]HAMILTON, 1978, p.80.

    [2]HAMILTON, 1978, p.81.

    [3] MARQUEZ VILLANUEVA, 1991, p.288-289.

    [4]CARO BAROJA, 1953, p.VII.

[5] LAPEYRE, 1959, p.3.

    [6] LAPEYRE, 1959, p.203.

    [7] SIMONET, Francisco J., Cuadros históricos y descriptivos de Granada coleccionados con motivo del cuarto centenario de su memorable Reconquista, Madrid, 1896, p.265.

    [8] MARQUEZ VILLANUEVA, 1984, p.63.

    [9]" LOUPIAS, 1965-1966, p.115.

    [10]GARCIA CARCEL, Historiografía sobre los moriscos, p.71.

    [11]"Le temps est passé de ces joutes valereuses et l'on peut aujourd'hui examiner sans passion ce grand problème historique, "LAPEYRE, 1959, p.3.

    [12]GARCIA ARENAL, Cuenca, p.115.

    [13]BRAUDEL, Mediterráneo, I, p.96 y II, p.179. También piensa en los negros de Estados Unidos enfrentados a los blancos pobres del Sur.

    [14]LAPEYRE, p.27.

    [15]BRAUDEL, Mediterráneo, II, p.178. "El español se encontaba allí, como el francés en Argel, el holandés en Batavia o el inglés en Calcuta", BRAUDEL, Mediterráneo, II, p.182.

    [16]BRAMON, Dolors, Contra Moros i jueus, Formació i Estratègia d'unes discriminacions al País Valencià, Premi octubre 1981, València, 1981. BRAMON, Dolors, "Una llengua, dues llengües, tres llengües", Raons d'identitat del País Valencià, p.17-47.

    [17]BORONAT, p.270.

    [18]Los 'fedayines' de SANCHEZ DRAGO, III, p.107.

    [19]GARCIA ARENAL, p.116.