IV Centenario Expulsión de los Moriscos

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Por las ropas los conoceréis…

“Las telas usadas, la forma y los adornos eran testimonio de un signo distintivo de las clases sociales. La combinación de color, corte y tela distinguían al sumo sacerdote del hombre del pueblo llano, al magistrado del delincuente y al jefe militar de sus subordinados”.

Cervantes, que vivió a finales del XVI y comienzos del siglo XVII (1547-1616), está muy atento a la indumentaria e incluye muchas descripciones en el Quijote (1605):

En esa época era muy habitual disfrazarse en los festejos. Ni siquiera los sacerdotes tenían ningún reparo en hacerlo porque era algo muy natural. Leamos una descripción de disfraces en las que se nombran varias prendas que se usaban en la época:

“Pidiéronle a la ventera una saya y unas tocas… En resolución, la ventera vistió al cura de modo que no había más que ver: Púsole una saya de paño, llena de fajas de terciopelo negro de un palmo en ancho, todas acuchilladas, y unos corpiños de terciopelo verde, guarnecidos con unos ribetes de raso blanco, que se debieron de hacer, ellos y la saya, en tiempo del rey Wamba. No consintió el cura que le tocasen (de toca), sino púsose en la cabeza un birretillo de lienzo colchado que llevaba para dormir de noche, y ciñóse por la frente una liga de tafetán negro, y con otra liga hizo un antifaz, con que se cubrió muy bien las barbas y el rostro; encasquetóse su sombrero, que era tan grande que le podía servir de quitasol, y, cubriéndose su herreruelo, subió en su mula…”.

 Así pues, aparecen: Saya de paño, toca, faja de terciopelo negro de un palmo de ancho, corpiños de terciopelo verde, raso blanco, birrete de lienzo colchado para dormir, tafetán negro.

Acuchillada significa con cortes verticales.

Ligas: cintas o tiras de tela para sujetar las medias.

Birretillo: sombrero blando o bonete adaptado a la cabeza.

Sayo y saya son vestidos exteriores, holgados, de hombres el primero y de mujeres el segundo. En definitiva, chaqueta amplia con faldones.

En cuanto a las tocas, es un tocado en la cabeza que en tiempos de Cervantes llevaban las mujeres al casarse o cuando enviudaban. Solían ser blancas.

Herreruelo es la prenda conocida también como manteo, es decir, una capa corta de buen paño que llevaban los curas y dignidades eclesiásticas pero también los campesinos.

Greguescos: calzones estrechos hasta la rodilla que, si eran buenos, eran de terciopelo.

Saltaembarca: prenda corta, cerrada y holgada, que se vestía metiéndola por la cabeza. Usada tanto por los que vestían al uso cortesano como por los galeotes y gentes de mar. También es una especie de ruana o poncho corto.

Ropilla: chaquetilla con faldón corto y mangas que puede ser de terciopelo y raso.

Jubón: vestido de medio cuerpo arriba, ceñido y ajustado al cuerpo, con faldilla corta. Palabra de origen árabe: juba, prenda masculina.

Rapacejos: flecos superpuestos, como remate de las ligas que quedaban colgando sobre la pierna o recogidos en forma de borla. Eran a veces verdaderas joyas. Muy usados por galanes.

Todo esto aparece en una descripción de un atuendo masculino de la época:

“Medias de seda encarnada con ligas de tafetán blanco y rapacejos de oro y aljófar, los greguescos eran verdes, de tela de oro, y una saltaembarca o ropilla de los mesmo suelta, debajo de la cual traía un jubón de tela finísima de oro y blanco y los zapatos eran blancos”.

La ropa luenga o garnacha era una vestidura talar con mangas que caía desde los hombros por la espalda. Las mangas arrocadas significan que tenían cortes verticales. La garnacha desde Felipe II era vestidura propia de los consejeros, Oidores y Fiscales, que “estas ropas los diferenciasen de los demás: cosa muy acertada y con que cesaron mil inconvenientes”.

“Las campesinas siempre iban retardadas en los cambios de moda”.

Complementos:

Cervantes refleja en su novela que las gentes, siempre en un trasiego constante por caminos inseguros y en previsión de algún mal suceso, iban armados con cuchillos y dagas que portaban en sus faltriqueras.

En el aspecto: la barba era un signo de virilidad, además de una marca varonil en relación con la dignidad y el cargo.

Descripción de un atuendo de mujer:

“… No traía sino un faldellín rico y una mantellina de damasco azul con pasamanos de oro fino, la cabeza sin toca ni con otra cosa adornada que con sus mesmos cabellos, que eran sortijas de oro, según eran rubio y enrizados…”

Faldellín: falda corta abierta por delante.

Mantellina: la mantellina propia de las mujeres era generalmente de tejido (bayeta) rojo que cubría de pies a cabeza.

Pasamanos: adorno de trencilla que podía ser de oro o plata y que se ponía en el canto de las vestimentas.

La indumentaria de un hidalgo de la época (generalmente hombre de buena cuna pero poca fortuna):

Sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mismo, y los días de entre semana se honraba con su vellorí de lo más fino”.

Sayo: chaqueta amplia con faldones.

Velarte: tejido de lana de color natural y de origen morisco.

Este tejido ya estaba un poco pasado de moda (aunque el pueblo lo lleva) porque habían adquirido muy buena fama los limistes de Segovia, tejidos fuertes y de calidad.

Calzas: pantalón un tanto abombado que llegaba hasta la rodilla.

Velludo: felpa o terciopelo.

Pantuflos: calzado holgado y ancho que se ponía encima de otros zapatos para resguardarse del frío, sobre todo los ancianos.

Vellorí: paño más fino de no gran calidad.

Un ejemplo de cómo está adornada la casa de unos duques de la época:

“una sala adornada de telas riquísimas de oro y de brocado”.

Está claro que se usaban mucho los dorados para mostrar riqueza.

Ropa interior:

“La camisa era la única prenda interior de hombres y mujeres… Sólo la honestidad predicada por la Iglesia hizo inventar la ropa interior que cubría “las vergüenzas”.  La camisa solía cubrir hasta mitad de los muslos.

“En España, los trajes de los hombres que se gastaban eran muy estrechos, pegados al cuerpo, con cuellos muy cerrados y ceñidos que obligaban a movimientos graves, erguidos, despaciosos y altaneros”.

El jubón, prenda hasta la cintura con una faldilla, era muy angosto, pegado al cuerpo, con mangas, y los delanteros un tanto ahuecados. Iban muy adornados con trencillas, galones, cintas, etc. Podía ser de gamuza.

Se podía cubrir el jubón con una capa corta llamada ropilla. A veces llevaba mangas o mangas abiertas y colgantes que descubrían las del jubón.

Gamuza o carmuza: piel de una especi de cabra montañesa similar al ante.

Las calzas eran unos pantalones que no pasaban de la rodilla con rodilleras o folladillos. Fue en España precisamente donde se pusieron demoda las calzas ahuecadas y acuchilladas, es decir, con cortes verticales.

“Una pieza polémica inspiradora de sátiras y símbolo de una virilidad triunfante era la bragueta. Es decir, el relleno artificcial y prominente con que se cerraba la abertura de las bragas o calzones. Era propio de reyes y de nobles”. Pero lamentablemente en esta época estaba un poco pasado de moda por la influencia de la Iglesia.

Adornos:

Una de las piezas más distintivas de la época era el cuello, que fue evolucionando en los siglos XVI y XVII: cuellos de lienzo recogidos haciendo ondas que parecían hojas de lechuga (los llamaban “lechuguillas”). En la segunda mitad del XVI, el cuellos de los jubones aprisionaba totalmente el pescuezo de los hombres. Estos cuellos fueron introducidos por un marqués italiano que los usaba para “cubrir los lamparones”. Con el tiempo aumentaron de tamaño hasta la exageración.

Otro tipo de cuello (muy habitual entre estudiantes) eran las valonas: cuellos blancos que caían hasta los hombros confeccionadas en tela blanca de algodón y muy bien almidonadas pero era cosa de reyes, condes y duques.

Llevar las valonas bien almidonadas era cosa esencial en el aspecto de las personas a las que se juzgaba precisamente por el aspecto de limpiza y firmeza que daba.

Calzado:

Borceguíes: calzado morisco que es como un botín cerrado o media de cuero fino que llega hasta la rodilla sobre el que se ponían los zapatos como todavía en el s.XVIII usaban losmoros. Eran amarillos o datilados (color dátil). Se lustraban con cera.

Se dice que duque de Lerma durante el reinado de Felipe III había inventado los zapatos cuadrados porque sufría de juanetes. El caso es que hacia 1600 los zapatos de punta recta sustituyeron a los puntiagudos.

Telas y tejidos:

Variaban según la posición social. Los tejidos más ricos y costosos venían muchas veces de fuera de España y tomaban el nombre corrompiendo su procedencia. Así: angeo era un lienzo de estopa grosero y basto que venía de la provincia de Anjou (Francia). La Grana era un tejido fino de alta calidad. Un ejemplo de tejido más humilde y habitual es la lana. Para las medias y calzas se usaba cordellate, un paño fino de lana semejante a la estameña o a la sarga. Los nobles las usaban de seda.

Canequí: tela de algodóon fina y rala con que se hacían las tocas y pañuelos finos.

Indumentaria de viejos del pueblo:

“… venía un venerable anciano, vestido con un capuz de bayeta morada que por el suelo le arrastraba. Ceñíale los hombros y los pechos una beca de colegial, de raso verde; cubríale la cabeza una gorra milanesa negra y la barba, canísima, le pasaba la cintura”.

Capuz: capa cerrada que era el hábito de los españoles honrados y que hoy en día todavía llevan algunos por luto.

Beca: tira ancha que todavía los tunos usan en su indumentaria.

Mantón de escarlata: paño y tejido de lana, teñido de color fino carmesí.

Montera: cobertura de la cabeza con un casquete de fondo cortado en cuatro cascos para poderlo coser más fácilmente. Suele ser de paño y tejido de lana. Se llamaba así porque la usaban los monteros.

Valones: patalón bombacho hasta encima de la rodilla. También se llaman calzas.

Randas: encajes o tiras bordadas.

Ropa de viaje:

Por los caminos solían andar muchachos, algunos estudiantes, que si los viéramos hoy tomaríamos por clérigos por la manera de vestir con el hábito de San Pedro.

Hábito de San Pedro: lo vestían clérigos y estudiantes y también lo podían llevar los que no tenían las órdenes mayores.

Hábito: indumentaria a base de sotana larga, un bonete o gorra y un manteo o herreruelo (capa corta de buen paño).

Estos estudiantes “en ruta” llevaban portamantas.

Portamantas: travesaño con un asidero y dos correas con que se puede sujetar un envoltorio o un paquete.

Lienzo de bocazí o impermeable para el camino: un lienzo de tela fina de lino que se enceraba para hacerla impermeable.

Las mujeres:

Hay tres elementos que caracterizan la vestimenta de la mujer dentro del “estilo español” de la época entre las clases altas: el cartón de pecho, el verdugado y los chapines.

Cartón de pecho: se usaba para aplastar los pechos femeninos y dar tiesura al busto.

Verdugado: unos aros paralelos debajo de la falda para darle forma acampanada.

Chapines: calzado con altísimas suelas de corcho que hacían andar a las mujeres a pasos muy cortos.

Quevedo: “Dígote que nuestros sentidos están en ayunas de lo que es mujer y ahítos de los que pareen… Si las abrazas, aprietas tablillas y abollas cartones; si la acuestas contigo, la mitad dejas debajo de la campa con los chapines”.

Mujeres humildes:

“Vestida con una saya parda que parecía, según era de corta, que se la habían cortado por vergonzoso lugar, con un corpezuelo asimismo pardo y una camisa de pechos”. (Es decir, una camisa escotada).

El sayo ahora tiene dos piezas: el cuerpo y la falda.

Corpezuelo es lo mismo que corpiño.

Novias: se describe a una novia vestida de palmilla verde de Cuenca o terciopelo de treinta pelos de color verde, así que el blanco todavía no se estilaba.

Se sabe que también vestían basquiñas (faldas) de paño grana y cuando eran de terciopelo se heredaban de madres a hijas por generaciones. En cualquier caso, es notorio el vivo colorido de las novias en sus trajes.

 

 

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Última modificación: 05 de junio de 2008.